20090301

La pena de los otros


“Conductor de autobús intenta ganarle el paso al tren”

“5 muertos y una docena de heridos en atentado con artefacto explosivo”

“Tiroteo en un bar deja saldo de 9 lesionados”

“Tanque de gas convierte fiesta en tragedia.”


Cuantas veces leemos titulares como estos en los diarios, o escuchamos noticias de corte similar en la TV; tragedias que le pasan a otros, un recuento de las catástrofes del día anterior, notas escondidas en los oscuros rincones de la sección policíaca, que medios amarillistas se esmeran en ofrecernos con una grotesca profusión de imágenes, mientras noticieros de corte “serio” relatan solo con palabras, pero que ambos a su estilo publican, unos invocando el “derecho a la información”, otros, sin empacho, provocando el morbo a sabiendas que la nota roja estimula el bolsillo del cliente y eleva el rating del informativo electrónico.

La mayor parte de los personajes de tanta desventura no pasan de ser anónimos de quienes jamás volverá a saberse algo, porque a la espada flamígera del derecho informativo ya no le interesan tanto las causas que no producen ventas, para la conclusión de la desdicha ajena rara vez hay un espacio, porque ahí esta siempre otro drama, fresquecito, que ocupa la plana o la pantalla, porque “informa” o vende mas. Esto es algo que siempre me ha disgustado de los medios que se dicen serios: Nunca he visto o leído una nota que diga: “La mujer victima del asalto que se debatía entre la vida y la muerte, cuya historia publicamos el viernes anterior, esta fuera de peligro y se desenvuelve favorablemente” a menos que, adjunta, se este gestando otra desgracia. Los medios amarillistas tienen al menos el mérito de mostrarse tal y como son: Unas bestias hambrientas de sangre en pos de la comercialización de sus pasquines.

La ciudad en donde vivimos es una ciudad pequeña de aproximadamente 200 mil habitantes, y aunque es pequeña, también tiene su diario y dramas propios. Los hechos violentos o trágicos que ocurren aquí poco se diferencian de los que ocurren en ciudades grandes excepto en una cosa: Aquí es mucho más fácil encontrarse frente a frente con alguno de los personajes de las espeluznantes crónicas que figuran en las paginas centrales.

Hace quince días iniciamos los trabajos de instalación de guardas para muros en el hospital local. Yo tuve a mi cargo el área de Terapia Intensiva y mientras se concluían los trabajos, la enfermera en jefe se detuvo a conversar con una pareja justo detrás de mí. Les explicaba a los padres del muchacho que estaba en la cama 16 sobre la cuadro medico de su hijo:


“Su hijo tuvo mucha suerte, las heridas que sufrió fueron muy graves pero parece que ya superó lo peor. Sin embargo tienen que ser pacientes porque su recuperación va a ser larga y no sabemos bien que consecuencias traerá. Voy a explicárselos en términos sencillos: La zona donde la navaja penetró en su cabeza quedo muy dañada, y esa la parte del cerebro que se encarga de la comunicación, digamos, No vamos a saber que tanto se deterioró su capacidad hasta que despierte del todo. Hemos visto que el muchacho reconoce y reacciona cuando le hablan, eso es muy bueno, pero no sabemos hasta que punto perderá su capacidad para comunicarse. El muchacho es joven y el cerebro puede aprender a realizar las funciones de cierta parte faltante cuando se le entrena, yo les pediría que guarden la calma y que esperemos.”

Reconocí la noticia publicada un par de semanas antes en el diario: “Adolescente acuchillado mientras trataba de evitar un asalto” Una historia extraña en la que tres muchachitos de 16 años, a las 2 a.m., intentaron impedir un asalto –según declaraciones de los otros dos- y fueron atacados por los asaltantes, quienes apuñalaron en varias ocasiones a su compañero y huyeron. La victima del robo a la que pretendían defender desapareció.

Cuando nos retirábamos, pude ver a la madre, de pie junto a la cama, sosteniendo la mano de su hijo.

Regresamos a fines de febrero a entregar la obra y al pasar por aquel sitio busqué la cama 16. En lugar del muchachito había un anciano dormido.
Con suerte el chico ha regresado a su casa y ahora intenta retomar su vida donde la dejó. Si no ha sido tan afortunado, aunque abandonó cuidados intensivos permanece en otra sala, dejando a los padres en un predicamento pues los altísimos costos de salud en Estados Unidos pueden arruinar a una familia en cuestión de semanas.

Pasillos del hospital vistos detrás de la ventanilla de la puerta de Terapia Intensiva


No tenemos programadas labores allí hasta dentro de varias semanas, de modo que ya no volveré a saber de ellos. Y, como era de esperarse, el periódico no ha vuelto a mencionar el caso.