Algo que caracteriza a la mayoría de las ciudades norteamericanas es su deficiente sistema de transporte publico. Yo no he viajado mucho aquí, pero lo que leo corrobora lo que he podido comprobar a donde he ido: En EU el auto es rey. El colectivo, que aunque puntual y casi siempre en buenas condiciones, resulta escaso en unidades, rutas, no es muy económico y sobre quienes lo utilizan pesa el estigma de ser pobres, fracasados o ambas cosas. Parte del “sueño americano” es hacerse de un automóvil, la ilusión del ciudadano promedio es sumarse al 61% de la población que dicen jamás utilizar transporte público, o mejor aun, al 58% que aceptan viajar siempre solos en un auto de varias plazas. (Datos de la encuesta mundial Greendex realizada por National Geographic)
Sin embargo Portland, o al menos la zona centro de la cuidad, es una honrosa excepción: existen cuatro líneas de tren eléctrico que cruzan el centro en todas direcciones. Aunque tiene la ventaja de ofrecer las estaciones de la zona más turística de manera gratuita, no resulta muy barato: $2.30 el viaje, $4.75 un pase todo el día o $86 por uno mensual; pero si eres anciano o estudiante la cosa cambia: $0.95 el viaje o $25 por un mes es una estupenda oferta. Las unidades están es excelentes condiciones, y si hay que hacerles una critica, debe decirse que no ayuda viajar en tren si tienes prisa pues no es muy veloz.

Línea Roja del tren ligero. Directo de la puerta del aeropuerto a dos calles del hotel!

Línea Azul. Recorre la cuidad de este a oeste. Directo del hotel a un bosque hermoso =)
Además del tren ligero, existe el StreetCar, que es un tranvía eléctrico que hace el recorrido de norte a sur en la zona centro, con la gran ventaja de ser completamente gratis. Su único defecto es la lentitud: hace parada cada tres calles, lo que sumado a lo angosto de las avenidas, los múltiples semáforos y el trafico, evitan que sobrepase los 40km/hora. Quizá a un empleado con retraso para llegar a su trabajo le resulten anodinos, pero para los turistas y otros especimenes sin demasiada prisa son perfectos: Dan tiempo de bobear por las ventanillas y planear donde bajarse.

Aunque de colores distintos –y muy lindos: los hay también en naranja, azul y verde hoja-, todos siguen la misma ruta, del distrito comercial a la Universidad, nunca los encontramos demasiado llenos, pasan cada tres minutos y gratis! Pedir además rapidez seria demasiado.
El uno de los problemas que enfrenta un automovilista en el centro de Portland es conseguir estacionamiento. Aparcar tu auto en la calle te cuesta $2 el periodo de hora y media, existen estacionamientos públicos pero el costo es semejante, así la solución para quien trabaja en una empresa que no cuenta con estacionamiento propio, es la bicicleta. La gente en Portland viaja en bici; todas las edades, de todas las condiciones sociales, a toda velocidad o a vuelta de rueda, los negocios ofrecen siempre sitio para encadenarla y hasta los trenes permiten el acceso con todo y caballo metálico.
Esta chica nos llamo la atención por que rodaba su bici en falda y ropa de trabajo pero, sin dejar de lado la seguridad, usaba casco.
Yo, que durante años tuve que lidiar –con uñas y dientes, lo juro- contra conductores para hacer valer mi derecho a circular en bici por el Distrito Federal, no puedo sino envidiar a quienes viven donde se tiene respeto por los ciclistas; sin embargo, debo decir que muchos portlantienses no son muy precavidos y circulan confiando demasiado en dicho respeto; dudo que los automovilistas que tienen que aventurase por las calles del centro sientan demasiado aprecio por ellos cuando parecen adueñarse de la vía.
Letrero en una tienda de bicicletas que simula las placas de circulación “Share The Road”. Un automovilista, por 10 dólares extra, puede obtener placas con este diseño para mostrar su apoyo al uso de la bicicleta en las calles. No vi una sola en todo el viaje...Pero no todo es color de rosa en el paraíso:
Letreros como este advierten a los ciclistas del riesgo que corren si la rueda delantera cayera por descuido entre los rieles del tren.
En circunstancias distintas yo he sufrido un par de caídas semejantes a la de la ilustración y puedo asegurarlo: Duelen, duelen mucho... Mi pareja dijo que el letrero en realidad quería decir: “No circule en bicicleta bajo la influencia de la mariguana”. Probablemente así la caída duele menos.
La ultima opción para desplazarse el centro de Portland fue la que más utilizamos: recorrerlo a pie. Las calles son hermosas en verdad, su gente lo sabe y, a diferencia de los habitantes del Sur de California, que no caminan ni de la cama al baño, siempre hay peatones en sus aceras y a toda hora del día. El radio donde se sitúan los puntos de interés en el centro es de 3 kilómetros, así que si se esta dispuesto a desgastar un poco los zapatos, caminar es la mejor opción para conocer esta hermosa ciudad.
Esquina de la calle Yamhill y la 5ta Avenida. Después de tres días de caminar entre 5 y 7 kilómetros diarios en las calles de Portland, los pies duelen, pero el alma se siente feliz.