20100409

NY 3: "La invauable experiencia de caminar a lo güey"

El Martes, ya bien descansados, nos fuimos en metro hacia la zona norte de Manhattan. Como a Trying le encanta visitar universidades, nuestro primer objetivo era Columbia University, la escuela de estudios superiores más antigua de Nueva York, pero como esta vez íbamos a pasear a nuestro estilo, teníamos en mente uno o dos sitios más, pero el resto dejaríamos que los ojos, los pies o la casualidad nos llevaran. Nuestro primera escala no programada patrocinio mío: Nos bajamos del metro en la estación equivocada y en vez de salir a las puertas de la Universidad llegamos a una calle cualquiera. Como habia que caminar, aprovechamos para buscar donde desayunar. Hasta entonces teníamos ya bien clara una cosa de Nueva York: no es fácil encontrar donde comer. Los lugares que visitamos son muy caros, no muy ricos y la atención no es la mejor. Quizá el problema es que estamos acostumbrados a la comida en California. En los restaurantes de California existe algo llamado “refill”: Si ordenas un refresco –soda- los meseros retiran tu vaso cada que lo vacías y te lo cambian por uno lleno, si vas a uno de comida rapida, las maquinas de refresco están a tu alcance y puedes servirte las veces que quieras. La primera vez que comimos en Nueva York se nos quedaron viendo con autentica cara de What cuando pedimos que rellenaran nuestro vaso. Las porciones de comida en California son desmesuradas, mientras que en Nueva York son mas bien pequeñas. Por si eso fuera poco, los meseros en California se acercan varias veces a tu mesa para ver “si no se te ofrece algo” o de plano te encajan en los ojos la tentadora carta de postres; en Nueva York, al menos en la mayoría de los lugares donde comimos, los meseros no se acercan ni para llevarte la cuenta. Tenemos la teoría de que por esa razón en Nueva York no hay tanta gente obesa, en cambio acá en California parece reglamentario. Aunque la verdad yo no soy de restaurantes, lo mío es el taco callejero de suaperro, pastor, nana, nenepil y todas sus variedades, pero acá no se estila. Es una pena, no saben de lo que se pierden.

Nomás de ver la foto me transformo en uno de los perritos de Pavlov (que seguramente forman parte del menú) ¡Arf!

Foto tomada del por *El finísimo Jarritos*, quien dice que cuestan 3 por 15 pesos.

Saliendo de desayunar y al ritmo de “de tín marín, de do pingüe” elegimos una calle y nos pusimos a caminar hacia la Universidad, pero a media cuadra encontramos una librería y nos metimos a curiosear. Eso tiene lindo esta cuidad: hay muchas librerías independientes ¡y además están llenas! En cambio en California, las grandes cadenas han acabado con las librerías chicas y las pocas que sobreviven están desoladas.


Flores y libros.


En todas las librerias a las que fuimos compramos alguna mugrita, pero esas sorpresas las dejare para el ultimo post.

¿Vieron las flores en la ventana? Pues así son muchas de las calles en Upper Manhattan en primavera, llenas de árboles con flores, que, combinadas con los edificios de ladrillos rojos y cafes hacen una combinación hermosa, muy distinta a los monstruos de cristal y acero de la parte baja.

 
Al final de esa calle encontramos una iglesia hermosa y yo quise ir a ver.
 
 
 


La Catedral de San Juan el Divino, que es hermosa por fuera, pero más aun por dentro.


(El vitral de la Gran Rosa, el mas grande de Estados Unidos con 13 metros de diámetro)


Salir con mi padre significaba visitas obligatorias a cuanta iglesia linda se nos atravesaba y ese gusto por el arte sacro me dejó raíces, -aunque la religión no. Trying recien va descubriendo esta faceta mía-. Una de las cosas sorprendentes que había dentro eran las veladoras con oraciones que dejan los devotos.

En todos los idiomas

“PIM: amada y pequeña compañera felina, te extraño”

Cada vela era un dolor, una esperanza o ambas. Nosotros también dejamos la nuestra.


La parte buena de caminar baboseando es que la distancia no se siente. Cuando salimos de ahí descubrimos que la universidad estaba a escasas dos cuadras.

La Universidad de Columbia es sencillamente hermosa.

La Biblioteca Low Memorial, que en realidad ahora es el centro administrativo de la Universidad.

La Biblioteca Butler
 
El teatro Miller (derecha)y la facultad de periodismo (izquierda)

Trying no puede olvidarse de la docencia ni siquiera en vacaciones, le atrae mucho el ambiente universitario y sé que si tuviera tiempo y viviéramos cerca de una Universidad como esta, tomaría cursos de todo. Pero por aca solo hay un par de universidades chicas que no ofrecen muchas opciones en filosofía o literatura. Otra de las desventajas de vivir en un pueblito.

Despues de la obligada escala en la tienda de la universidad, nos segumos caminando hacia el este para llegar a Central Park.

Apenas recuperándose del invierno, pero tan hermoso que esta foto no le hace justicia.
 
 
Pero esta si un poco. Esas ramas están llenas de flores rosas, anunciando que en unas semanas estarán llenas de color. En realidad no pensábamos ir a Central Park ese día, nuestro objetivo era el Museo Guggenheim, para lo cual teníamos que atravesar Central Park. Yo le pedí a Trying que reserváramos un día con sol para recorrer el parque –el noticiero nos prometía un miércoles y jueves de clima mucho mas amable- así que no nos detuvimos mucho ahí. Pero para llegar al museo teníamos que rodear el Lago Jacqueline Kennedy Onassis.
 


Una larga, húmeda y tranquila caminata alrededor porque el lago es muy grande. Yo iba mirando al agua con cierta decepción porque no había seña alguna de patos, pero a medio camino:


Falsa alarma... ese era un ganso canadiense. Mas adelante vimos otros gansos blancos con negro, pero nada de patos. Ni hablar.

Llegamos al Guggenheim que es un museo de arte moderno de arquitectura muy especial. Las salas están repartidas a lo largo de una rampa en espiral rematada con un domo de cristal a manera de techo. El edificio, famoso de por si, cobró nueva fama a raiz de la pelicula “The International” en la que un tiroteo entre espias se lleva a cabo ahí.



El museo en realidad tiene una atmosfera mucho mas obscura y es mas pequeño de lo que se ve en la pelicula, pero el edificio es muy hermoso.


Pero tuvimos una mala experiencia en el museo porque el personal se comporto muy mal. Quiza porque habia muchísima gente y estaban fastidiados, pero los empleados del museo, sobre todo los de paquetería, fueron muy agresivos con el publico, uno de los juegos de audifonos que nos dieron no servia y -tal vez influenciados por la mala actitud de los encargados- el arte exhibido ahí no nos atrapó. La tienda del museo si estaba linda, pero en general el Guggenheim fue una decepción. Lo prefiero en la película aunque ahí lo destrozan...

Ya eran cerca de las 5 p.m. al salir del museo, teníamos hambre –y mucho frió- y empezamos a buscar donde comer. Lo que ocurrió después lo contare en otro post porque esa noche el metro nos mostró una faceta que no le imaginábamos y fue tan bonita que prefiero reservarle una entrada aparte.

20100405

NY 2: "Memoria gráfica para turistas faciles de impresionar"

El segundo error que cometimos esa mañana fue no confiar en que nosotros, por nuestros propios medios, podíamos lanzarnos a conocer la cuidad. Cuando estábamos en el proceso de reservar vuelo y hotel, unos amigos muy queridos nos recomendaron, de toda buena fe, comprar boleto para el camión panorámico que recorre la cuidad con la orientación de un guia e incluye un viaje de dos horas en barco por el rio Hudson para ver la estatua de la Libertad. Un recorrido aséptico y seguro, de esos donde los turistas podemos ver la jungla desde detrás de un cristal, obtener buenas fotos para presumir con los amigos, sin riesgo alguno. Supongo que le tuvimos miedo a terminar en un barrio lejano, a dar vuelta en la calle equivocada o a que nos sorprendiera la noche en medio de ve-tu-a-saber-donde sin idea de cómo regresar la hotel. Después de la primera impresión en el metro y con la lluvia pertinaz pareció buena idea. Caminamos hacia la calle 34 Oeste y en la esquina de la Séptima avenida un togolés muy simpático, que hablaba muy deprisa, nos vendió los boletos.


Yo iba con la firme decisión de tomar fotos a diestra y siniestra sin importar si ello acentuaba mi chocante facha de turista. Tomé una foto desde esa esquina aunque no parecía haber nada especial, pero de pronto la nubes se abrieron un poco.


Y de entre ellas apareció el Empire State. Creo que fue aquí cuando en verdad me cayo el veinte del lugar en donde estábamos.


El autobús llegó unos minutos mas tarde. Este da una vuelta por Manhattan haciendo una especie de 8, desde la parte norte de Central Park hasta el puente de Brooklyn, solo la parte superior es para pasajeros y algunos tienen un toldo acrílico, otros no. Un guía va rezando en el altoparlante una explicación sobre los lugares que el camión visita y los turistas, como autómatas, vamos presionando el disparador del la cámara a todo. El servicio es bueno, el viaje es muy ilustrativo y cómodo y los guías son simpáticos y serviciales, pero es imposible no sentir un poco de lastima por uno mismo estando ahí. Tengo que aceptar que el viaje que hicimos en el fue estupendo como referencia geográfica, gracias a ello tuvimos una idea general de hacia donde caminar, en que parte de la cuidad estaba cada cosa, sin tener que despedazarnos la cabeza con el puro plano, pero habríamos podido perfectamente, trabajándole un poco, y conocer la ciudad de verdad en vez de la copia descafeinada que te ofrece el camioncito, siempre con la seguridad de que, mientras no pasen de las 6:30, podrás regresar a la ruta y ser rescatado por uno de estos artefactos.

Estas son algunas de las fotos que tomamos desde el turibus.


Madison Square Park desde la quina avenida. La ventana posterior era la única no cubierta por el domo plástico. El guía, al otro extremo hablaba y hablaba, pero la mayoría de los que estábamos ahí no lo escuchábamos aunque oíamos su voz.
 

Sobre un bar de nombre “Jekyll and Hide: club social para exploradores y científicos locos” en la avenida 7, estaban estos esqueletos
 

Íbamos camino a la Zona Cero, el lugar a donde estaban las torres gemelas.



La avenida Broadway, a la altura del vecindario Soho; la arquitectura es hermosa ahí, pero el sitio es famoso por sus almacenes de ropa, aunque casi todos las encuentras sin problema en todo el país...
 

Frente a la catedral de San Pablo, justo a un costado de donde estuvo el World Trade Center hay un cementerio muy antiguo, habia una pareja mirando las lapidas.
 
 
Nosotros intentamos bajar a ver la zona cero, pero solo conseguimos mojarnos mas pues la lluvia arreció. Volvimos a subirnos a otro camión panorámico con la sorpresa de que el toldo de este solo tenia la mitad del domo montado y la mitad seca estaba ocupada por completo. Quisimos cubrirnos como se pudo con los paraguas pero el viento lo hacia muy difícil, bajamos y esperamos otro autobús. Cuando por fin llegó ya estábamos de mal humor, teníamos hambre y mucho frió. En algún lugar antes de llegar al donde esta el edificio de la ONU, estaba esta paloma, triste, mojada y resignada como nosotros. Del otro lado del río, adormecida en su colchón de neblina, Queens.
 

Mientras más avanzábamos más lóbregas se volvían las imágenes. Trying, llamó al hotel y le dijeron que estaban listos para recibirnos, así que en cuanto estuvimos cerca de ese sitio otra vez, nos bajamos del camión.

Llegamos ateridos y hechos una facha, pero con la esperanza de que una ducha caliente cambiara nuestra suerte. El hotel no era nada del otro mundo, pero tenia una cama muy cómoda.


Una vista no muy impresionante
 

Y una decoración extraña, con fotos de mujeres en trajes vaporosos volando al viento.
 

Ya limpios y con ropa seca y un impermeable encima, volvimos a lanzarnos a la calle para probar mejor suerte. Teníamos mucha hambre y poca idea de hacia donde ir, pero sobre todo una seguridad: no subirnos de nuevo al turibus al menos por el resto del día. La peor parte del viaje, me aventuro a decir que para los dos, fueron esas horas sobre el camión turista. Yo he revisado mi cámara y no encuentro ninguna imagen que me refleje algo positivo, pero Trying obtuvo una que quise colocar aquí como la confirmación de que ni siquiera esas dos horas horribles fueron algo para olvidar:



No se donde la sacó, pero en ella concentró todo el color que se le había esfumado a esa mañana...

Cuando salimos de nuevo a la calle de nuevo, nuestra primera urgencia era encontrar un lugar para comer. Entramos al primer café que nos salio al paso, ordenamos y nos sentamos a relajarnos un poco. Afuera la lluvia seguía y nos quedamos un rato mirando a la gente pasar.



Bread Factory no tiene la mejor comida, pero es tranquilo y con buena calefacción, por el momento no necesitábamos más. Estuvimos ahí como media hora mirando la ventana y notamos que todos caminaban en la misma dirección.
 

“¿A dónde va Vicente? Adonde va la gente” Y al salir quisimos ir a ver hacia donde caminaban con tanta prisa.

Unas cuadras adelante encontramos el lugar a donde todos iban.


 


 
Era Times Square. Nos quedamos como bobos mirando para todos lados. Times Square es un extraño y pequeño lugar (solo dos cuadras de una calle) En realidad no es sino un montón de anuncios de neon, pero son tantos y tan elaborados que es imposible mirarlos sin descubrir tras un rato que tienes la boca abierta.
 
 
Textualmente boquiabiertos. Y como estos y nosotros habían centenas.

Apenas eran como las 7 p.m. y por la claridad los letreros luminosos aun no mostraban todo su poder, Nosotros estábamos muy cansados pues no habíamos dormido desde la noche del sábado (era lunes) y no nos sentíamos con energías para quedarnos hasta que obscureciera, así que nos prometimos regresar otra noche y emprendimos el camino de regreso al hotel.

Habrá quien piense: “¿Que? ¿Llegar a Nueva York e irse a dormir a las 7?” pero estamos a punto de dormirnos parados y preferimos descansar bien para empezar de nuevo la mañana siguiente, muy temprano, que desvelarnos y dormir hasta el mediodía del martes.

Dejo como este video de apenas 9 segundos de un anuncio que vimos allá. Es muy bobo, pero descubrí en Youtube que no soy la única persona a la que le ha gustado. Por eso Times Square es un éxito: habemos en el mundo millones de personas muy fáciles de impresionar.

20100404

NY

(Advertencia: No prometo que la relación de este viaje sea interesante, pero larga si. Si alguno no la disfrutara le pido que comprenda: Lo hago principalmente para evitar que mi memoria olvide lo que ocurrió, como ha olvidado tantas cosas que pasaron antes de empezar a llevar cuenta en este blog. Gracias)

Yo solo tenia dos cosas en mente para ver en Nueva York: La primera, conocer Grand Central Station. Una de las escenas que mas me han gustado del poco cine que he visto, es aquella donde Robin Williams sigue a Amanda Plummer hasta ese lugar en “The Fisher King”, el baile que ocurre ahí mientras el intenta acercársele me conmueve. Cursi que soy, ni hablar.

La segunda era Central Park, en parte por las hermosas fotos que había visto de ese sitio, pero sobre todo por la novela The Catcher in the Rye:


—Oiga, Howitz —le dije—. ¿Pasa usted mucho junto al lago de Central Park?
—¿Qué?
—El lago, ya sabe. Ese lago pequeño que hay cerca de Central South Park. Donde están los patos. Ya sabe.
—Sí. ¿Qué pasa con ese lago?
—¿Se acuerda de esos patos que hay siempre nadando allí? Sobre todo en la primavera. ¿Sabe usted por casualidad adonde van en invierno?
—Adonde va, ¿quién?
—Los patos. ¿Lo sabe usted por casualidad? ¿Viene alguien a llevárselos a alguna parte en un camión, o se van ellos por su cuenta al sur, o qué hacen?
El tal Howitz volvió la cabeza en redondo para mirarme. Tenía muy poca paciencia, pero no era mala persona.
—¿Cómo quiere que lo sepa? —me dijo—. ¿Cómo quiere que sepa yo una estupidez semejante?


Estupideces semejantes son el tipo de cosas que me gustan. Abrigaba la esperanza de ver los patos en Central Park. Así, si por casualidad nos encontrábamos a Holden, podría mostrarle fotos de las vacaciones invernales que estos animalitos se toman muy cerca de donde vivimos. Así ya no tendría necesidad de andarle preguntando a taxistas amargados.

Todo lo demás que apareciera ante nuestros ojos en Nueva York seria para mi ganacia extra. Viajar sin muchas expectativas es, creo, algo que me ha permitido disfrutar hasta la salida más breve al lugar más insípido imaginable; es parte de las ventajas que tiene la bobería que me caracteriza. En fin.

Pero viajar siempre tiene sus bemoles y cuando lo haces en avión, la principal molestia cae sobre ti antes que tus pies dejen de tocar el suelo. Uno de los lugares más tristes que existen, después de los hospitales y la cárcel, son las salas de abordar de un aeropuerto. Pasar mas de dos horas en uno de estos sitios, rodeados de tiendas que venden baratijas a precio de oro y restaurantes de comida de cartón, puede trastornar el ánimo de casi cualquiera, al menos yo no sé como no aburrirme en esos sitios y Trying, a quien los aviones le ponen los nervios como hilachos, tampoco disfruta su estancia ahí. Y andábamos como almas en pena recorriendo los pasillos por cuarta vez, cuando Trying llamó mi atención sobre un chico que leía un libro.


¿Se alcanza a ver que esta leyendo The catcher in The Rye”? Tenía que ser una señal =)

Admiro a esas personas que son capaces de hacer un vuelo transoceánico de 12 o hasta 17 horas; deben ser una especie de super-humanos con una paciencia de santo, un sueño pesado como el plomo y una columna vertebral de acero. A mí, las casi 6 horas de viaje a Nueva York me parecieron un tormento. Primero porque la aerolínea decidió hace poco empezar a cobrar por el registro de cada maleta, con el resultado de que la gente, para ahorrarse 25 dólares que cuesta cada bulto, coló cuanta valija pudo como “equipaje de mano” por lo cual en el avión había mas maletas que pasajeros. La crisis ha empujado a varias aerolíneas a cobrar por la comida que sirven e incluso por los audífonos para escuchar la película. Esto no es lamentable pues ni la comida ni el cine aéreos son algo que duela perderse, pero era gracioso ver pasar a los mozos ofreciendo una cena en 10 dólares y un juego de auriculares en 2. Me recordó a mis entrañables microbuses mexicanos, invadidos por vendedores de pepitas y productos novedosos chinos, cargado de toda clase de objetos que introducen los pasajeros, peluchito en el tablero, el retrovisor y con un zapato de bebe colgando del pasamanos. No sé si este fenómeno ocurre en todo el mundo, pero creo que pronto los aviones gringos lucirán parecido a esto:


Foto tomada por Gitano Azteca en alguna calle de Acapulco, Guerrero.
American Airlines, su guajolojet de confianza.

La gran diferencia es que en los guajoloteros se duerme cómodamente, mientras que en el avión, por alguna razón que desconozco, es imposible.


Letrero en el aeropuerto John F Kennedy: Al menos supe con anticipación que aquí tampoco iba a sufrir demasiado con el inglés.

Nueva York nos recibió con desgano. Una mañana gris de lluvia ligera pero incesante y ráfagas de viento que violentas que retorcían nuestros paraguas amenazando con romperlos. Y para llegar al hotel decidimos ir en metro, ese fue nuestro primer error del día: El metro de Nueva York es un sitio muy interesante, pero no recomiendo utilizarlo recién llegando a la ciudad por primera vez pues su vista es impactante: Un sitio sucio, estrecho, húmedo y oscuro. La estación Merced de nuestro incomprendido metro mexicano es un lugar hermoso comparado con la primera impresión que tuvimos del metro neoyorquino.


Esta no es la estación en que abordamos por primera vez, la verdad aquella era más fea. Me avergüenza decir que no me anime a sacar la cámara durante ese primer viaje, porque al final el metro nos mostró su toda magia, pero esta foto da una idea general del estado del metro en Nueva York. A veces daba la impresión de que algún peligro de película nos acechaba.

Al menos los años de experiencia perdidos en los túneles del metro en el DF de algo me sirvieron: Llegamos sin extravíos al hotel a pesar de los transbordos. Ya ahí nos encontramos con la nada agradable sorpresa de que, a pesar de la reservación, nuestro cuarto aun no estaba listo y que debíamos regresar hasta las 3pm. Dejamos la maleta y nos lanzamos con el mejor animo del mundo a recorrer plano en mano las calles a pie. En el video que dejé al irnos, se ve a Sting caminando tranquilamente protegido por su paraguas sobre las lluviosas y solitarias calles de la cuidad.


Nada más alejado de lo que encontramos. Abrirse paso por la avenida entre un mar de gente que también lleva paraguas pone en serio peligro la integridad de los ojos. Como en cualquier cuidad grande la gente va deprisa, los automovilistas no son nada amables con el peatón y los peatones no son nada cuidadosos. La cuidad es un verdadero desastre de bocinazos y tensión, ese veneno que tanto extrañaba yo...

Mojados, con frió y sin una idea clara de a donde caminar, empezamos a buscar, mapa en mano, el sitio donde se abordan los autobuses para turistas que nos recomendaron amigos que vinieron antes que nosotros.


La esquina de la 34 Oeste y la Séptima Avenida, cuadras antes de llegar a Times Square (no lo sabíamos entonces) La cuidad, esa droga. Me encanta.