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La garra (unplugged), Santa Sabina
-En una llamada telefónica que ayer en la tarde tuve con una mujer, quien dijo llamarse Beatriz, para pedirle la custodia de los gatos, porque Monsiváis pertenecía a Gatos Olvidados A.C., me dijo: "ellos tuvieron la culpa de que él muriera".
No es así, lea la información de los especialistas del Instituto de Enfermedades Respiratorias (INER) para que vea que la fibrosis pulmonar no es causada por los gatos.
-Molesta, respondió: ¡No es cierto! Ellos lo mataron.
- Volví a pedirle que nos de a los gatos., entonces respondió: "No. Hoy desaparecimos a la mitad...sí se les durmió... Sí, ya tomé la decisión: que se les duerma...Mañana se les dormirá a los que faltan".
-Le supliqué que no lo hiciera. Porque para el señor Monsiváis eran seres de enorme importancia en su vida.
-Entonces, dijo: no me quite el tiempo, y colgó
(Trascripción de la conversación que Claudia Vázquez, directora de Gatos Olvidados A.C. sostuvo con Beatriz Sánchez Monsiváis, prima del fallecido Carlos Monsiváis el 19 de junio pasado, según versión de Gatos Olvidados)
Nuevo catecismo para indios remisos
El indígena respondió con aspereza: -No, señor cura, de ninguna manera. A mí su catecismo no me gusta.
El párroco pensó de inmediato en llamar al Tribunal del Santo Oficio, pero ese día estaba de buen humor y esperó.
-El catecismo no está para el gusto o disgusto de indios bárbaros y necios, sino para enseñar los mandamientos y preceptos sagrados.
-Pero no asi, señor cura, no con esa rutina de preguntas y respuestas, que hace creer que en el cielo nos ven a los indios más tontos de lo que somos. Parece una ronda de niñitos: “¿Quién hizo los cielos y la tierra?.” Y se responde a coro: “Los hizo Dios”. ¿No será mucho mejor a la inversa?. Dice usted: “Fue Dios” y contestamos “¿Quién hizo a los indios, a los cielos, a los peces, a los conejos?”
-Dios no esta para que le reconstruyan su doctrina, ni a El se le venera de adelante para atrás.No hubo modo, el indígena persistió en su capricho, el párroco llamó a quien debía, el hereje se evaporó en las mazmorras y como nadie se atrevió a preguntar por él, nadie lo acompaño en su desdicha. Pero el sacerdote quedó perturbado y, ya solo, murmuraba “Es la carencia de todo” y lanzaba la pregunta correspondiente: “¿Qué es la nada?” Volvía a afirmar: “Es la carencia de todo en el sentido de materiales sobre los cuales trabajar, no en el de la carencia de poder”, y se inquiría: “Y como puede salir algo, así sea la nada, de esa carencia?” Y pasaba días y noches estudiando el Catecismo al revés.
Otro párroco que lo escucho se inquietó demasiado, convencido de hallarse ante un juego muy impío. Como además ese curato era muy prospero, convoco a las autoridades correspondientes y desapareció al cura enrevesado, se fue a vivir en su lugar. Por lo menos allí se enseñó el Catecismo como es debido.