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20110312

Rita Guerrero

=..(


La garra (unplugged), Santa Sabina

20100710

"Preferiría entonces vivir sin mí"

Monsivais, jóven aún, con uno de sus gatos. Foto de Lola Alvarez Bravo.

Todavía no se resuelve (aunque al parecer todos estan a vivos y bien) el asunto de los gatos de Carlos Monsiváis, y yo no había posteado lo que prometí por falta de tiempo y por escribir sobre cosas que van ocurriendo y que si no guardo de inmediato, se me pierden de vista y no las vuelvo a ver ni en sueños.

Yo no sé si es sano tener en casa tanto gato, -Monsiváis tenia 13 al morir- pero si sé que una persona que tiene demasiados invariablemente se le considera loca. Yo no creo que una persona que tiene muchos gatos este loca, pero si creo que para llegar a esto algo tiene que ver la soledad.

Una vez Moshki se enfermo súbitamente (el día que chocó con la pared y se lastimó la espalda) y nos fuimos corriendo a llevarlo al veterinario. Cuando esperábamos en la sala, todos preocupados, noté que un par de personas se nos quedaban viendo, pero traté de no prestarles atención. Ya en casa y tranquilos por el diagnóstico, Trying me dijo: "¿Notaste como esas personas en la sala se nos quedaban viendo? Nos veían como pensando “¡Pobrecitos! No han de tener hijos” Tenía razón. Tal vez solo sea un cliché, pero pienso que la gente a la que nos gustan mucho los gatos somos, regularmente, gente solitaria y algo triste.

No es una regla, pero es común que a la gente nos gusta lo que no podemos tener: Los que tienen el cabello lacio quisieran rizarlo; yo me recuerdo a los 14 aplacando mi cabello rizado y odiando a quienes lo tenian liso. Y podría lanzarme a citar ejemplos semejantes sobre nuestra inconformidad pero no es eso de lo que quiero hablar, sino de la razón por la que me gustan los gatos: Me gusta su porte, su gracia al moverse, su aparente indolencia y despreocupación, su egoísmo, independencia, desapego y la manera en la que son siempre ellos quienes deciden el tiempo y la forma en la que brindan su cariño. Todas esas cualidades que envidio y de las que carezco.

Ignoro si Monsiváis compartiría mi punto de vista, así como también ignoro las razones por las que tenia gatos –para tener trece debió tener muchas- pero encontré por ahí algunas cosas que dijo respecto a ellos.

“No sé, no sé explicarlo pero para mí el gato tiene demasiadas cualidades, es de una belleza cambiante, es grácil, presenta lo que decía un poeta: "Un gato es nuestra única posibilidad de acariciar un tigre", es débil, es fuerte, es mañoso, es humilde, es distante, es cercano, nunca su domesticidad es absoluta, defiende su territorio, sabe ausentarse cuando uno ya le fastidió y pues nunca demasiadas cosas para mí son para eximirme de tener gatos. Sé que es una pasión que no puede transmitirse verbalmente, que cada quien la tiene, la expresa con el fervor posible, pero que cuando se tiene es inútil querer erradicarla”

(Sobre las razones para tener tantos gatos, en entrevista para Mascotanet.com. Septiembre 28, 2001)

Tal vez Monsiváis, al final, si pensaba como yo, que este asunto de tener gatos tiene que ver con la soledad:

“No, no se puede decir eso. Para mí es la certeza de que hay un elemento renovado de gracia y humor en mi casa... Un gato es compañía, y la compañía es la certidumbre de que hay algo cambiante siempre al lado y que hay un elemento que impide que uno se centre compulsivamente en sí mismo.”

(Sobre si tener gatos le ayudaba a obtener inspiración. Misma entrevista)
Esta otra seguro le encantará a Trying, que se espanta facilmente si oye ruidos en casa estando sola:

“Era común ver a Monsiváis en las entrevistas que concedía, retratado con un gato dormido en sus rodillas o advertir a los felinos pavoneándose sobre el respaldo de su sillón e incluso mirando fijamente a la lente de una cámara de televisión. ¿Porqué gatos y porqué no, por ejemplo, perros?, insistí. Con tranquilidad y sabiduría, me dijo: ‘Es para no ver fantasmas’. Y tenía razón, cuando uno está solo en casa, cualquier sombra, cualquier ruido es atribuido a la presencia de los gatos, no a un fantasma, no a un intruso."

(Contado por Roberto González, ex-periodista Excélsior, en el foro de opinión de Gatos Olvidados. Ocurrido en julio de 1976)

Esta que sigue me encanta:

“Durante los primeros días de noviembre de 2008, Monsiváis adoptó un gatito blanco con manchas grises, recogido en Tasqueña por Claudia. (Claudia Vazquez, administradora y fundadora de gatos Olvidados A.C.) Él le había pedido uno pequeño, para que lo obedeciera, pues los otros 'se burlan de mí', le confesó el escritor.

En cuanto tuvo en sus brazos al pequeño, lo acarició y lo bautizó Catástrofe. Luego lo llevó al pasillo lleno de platitos de plástico de colores y le sirvió comida en uno.”

Aquí corto la cita e incluyo otra que me parece encaja perfecta:

“con los once" (tenia 11 gatos en septiembre del 2001) "tengo una relación continua, no están allí, les dedico tiempo para verificar su alimentación que es muy regimentada, comen exactamente a la hora que quieren”

Mas o menos el mismo patron alimenticio de Ramona y Moski. Sigo:

"Pero Catástrofe resultó muy latoso. En una visita al también periodista, Claudia pudo comprobarlo. El pequeño felino corría de aquí para allá como loco: 'parece que nunca ha comido; a todos los quita de los platos. Tenga cuidado, es un salvaje', decía el narrador.

Mientras Monsiváis contaba a Vázquez acerca de las travesuras de Catástofe, se le quedó mirando, cerca del ventanal, y casi en un suspiro, y sin distraer la vista del animalito, dijo: ‘¡cómo me hace feliz ese gatito! Es mi alegría’.”

(Primera y tercera cita del reportaje de Mónica Mateos-Vega en La Jornada. Segunda de Mascotanet.com)

La razón de tanta cita no es para justificar mi propio gusto por los gatos, ni para tratar de venderle a nadie el aprecio por ellos, sino mas bien para establecer que ya que fueron tan importantes para el escritor, merecen mejor destino que una ampolleta de anestesia y el olvido. En todo caso, como bien dijo un apreciado amigo de mente siempre lúcida, Crónicas Urbanas, si nos importa algo tenemos que asegurarnos de su cabal destino en caso de que un mal dia ya no estemos ahí. Trying y yo tenemos a Moshki y Ramona; la familia de Trying ya sabe que hacer en caso de que ocurriera algo que nos impidiera seguir ocupándonos de ellos: darlos en adopción a la asociación de donde obtuvimos a Ramona, con la instrucción de que, si es posible, los mantengan viviendo juntos. Esto para que no terminen flotando en la incertidumbre en la que quedaron los gatos del escritor tras su muerte.


Si los tenemos a causa de la soledad, pues bienvenida sea la soledad.

“Sin mis libros me sería imposible vivir y sin mis gatos también. Los libros no maúllan ni los gatos proporcionan sabiduría, por eso no podría elegir. Preferiría entonces vivir sin mí”

(En entrevista para El Universal. No pude obtener la nota original, pero si ésta)

20100629

Los gatos de Monsiváis

Tras la dolorosa pérdida de Carlos Monsiváis y el torrente de notas periodísticas respecto a sus exequias y su obra literaria, la información sobre el celebre escritor mengua poco a poco; en parte por el lógico correr de los días, y en parte por el otro torrente de noticias sobre la estúpida guerra contra el narco que ha devenido en un río de sangre que lo inunda todo sin dejar espacio para nada más. Sin embargo hay un asunto pendiente tras la muerte de Monsiváis que los diarios han tratado solo de soslayo, como una nota curiosa: El destino sus gatos.

Carlos Monsiváis era amante de los gatos, en su casa vivían a la fecha de su muerte trece animalitos a quienes cuidaba con mas esmero que a él mismo. Pero la muerte del escritor, debida a una enfermedad –fibrosis pulmonar- que endureció sus pulmones provocándole insuficiencia respiratoria fue rápidamente atribuida a la convivencia tan cercana con sus mascotas. La familia, que de por sí no las quería mucho, las culpó de su deceso.

Carlos Monsiváis pertenecía a una asociación de ayuda para gatos desamparados, Gatos Olvidados A.C., y era de esta asociación de donde provenían todos los gatos que vivían con él. Al ocurrir su muerte, Gatos Olvidados contactó vía telefónica a los deudos del escritor buscando brindarles el pésame y para pedir la custodia de las mascotas (dado que sabían que ellos no querrían conservarlos):

En una llamada telefónica que ayer en la tarde tuve con una mujer, quien dijo llamarse Beatriz, para pedirle la custodia de los gatos, porque Monsiváis pertenecía a Gatos Olvidados A.C., me dijo: "ellos tuvieron la culpa de que él muriera".
-
No es así, lea la información de los especialistas del Instituto de Enfermedades Respiratorias (INER) para que vea que la fibrosis pulmonar no es causada por los gatos.

-Molesta, respondió: ¡No es cierto! Ellos lo mataron.

- Volví a pedirle que nos de a los gatos., entonces respondió: "No. Hoy desaparecimos a la mitad...sí se les durmió... Sí, ya tomé la decisión: que se les duerma...Mañana se les dormirá a los que faltan".

-Le supliqué que no lo hiciera. Porque para el señor Monsiváis eran seres de enorme importancia en su vida.

-Entonces, dijo: no me quite el tiempo, y colgó

(Trascripción de la conversación que Claudia Vázquez, directora de Gatos Olvidados A.C. sostuvo con Beatriz Sánchez Monsiváis, prima del fallecido Carlos Monsiváis el 19 de junio pasado, según versión de Gatos Olvidados)

La asociación se movilizó y consiguió llamar la atención de algunos medios sobre este problema, que incluso derivó ya en una denuncia ante el ministerio publico. El día de ayer se realizo una audiencia ante un Juzgado Cívico en donde la señora Beatriz Sánchez Monsiváis, prima del difunto escritor, declaro que 8 de los gatos habían sido dados en adopción mientras que planeaban sacrificar a otros cuatro debido que estaban muy enfermos. El gato restante, -Mito Genial, de 17 años- murió el miércoles pasado debido a causas naturales.

Gatos Olvidados no confía en que lo dicho por la prima del escritor sea verdad, dado que a su juicio no presentó pruebas convincentes, no pretende dejar el asunto ahí, y anunció que han solicitado asesoría legal para llevar el asunto a un tribunal superior.

También han iniciado una petición en línea solicitando que se aclare el destino que los 12 gatos que le sobrevivían al escritor hasta el miércoles pasado, y que no se les sacrifique, dado que ellos no son culpables de la enfermedad que terminó con la vida del ensayista. Yo no se si este tipo de peticiones en línea tienen verdadera utilidad, pero por si acaso ya la firmé e invito a cualquiera que lo desee a sumarse a las 438 personas que la hemos suscrito.


El único inconveniente es que los campos que solicitan dirección y código postal son de rellenado obligatorio. Resolví ese inconveniente alterando mis datos, aunque si deciden hacer lo mismo cuiden que el código postal corresponda a la zona de la dirección que escriben, pues si no el sistema lo identifica.

Quien haya leído antes lo que escribo, sabe ya que amo los gatos, pero para quien no lo sepa o no le agraden estos bichos, el día de mañana incluiré otro post hablando un poco de lo que sus gatos significaban para Carlos Monsiváis, que es la razón por la que creo que, independientemente de si me gustan los gatos o no, los amigos de Monsi tiene derecho a no tener que irse junto con él.

20100619

Libros y gatos

Hace unas horas murió Carlos Monsiváis. No voy a presumir cultura, ni pilas de libros leídos porque en realidad he leído muy poco -pero muy bueno, quiero pensar-; así que no voy a hablar ni de su obra, ni de la trascendencia de la misma para las letras mexicanas. Habrá miles que harán esto mucho mejor que yo, con más conocimiento de su persona. Yo solo puedo decir que voy a extrañar al compañero de lucha social, al que siempre estaba ahi para cantarles su precio, sin pelos, pero con vastedad y acrobacia lingüística, a todo el que se lo mereciera.


Nuevo catecismo para indios remisos

El indígena respondió con aspereza: -No, señor cura, de ninguna manera. A mí su catecismo no me gusta.

El párroco pensó de inmediato en llamar al Tribunal del Santo Oficio, pero ese día estaba de buen humor y esperó.

-El catecismo no está para el gusto o disgusto de indios bárbaros y necios, sino para enseñar los mandamientos y preceptos sagrados.

-Pero no asi, señor cura, no con esa rutina de preguntas y respuestas, que hace creer que en el cielo nos ven a los indios más tontos de lo que somos. Parece una ronda de niñitos: “¿Quién hizo los cielos y la tierra?.” Y se responde a coro: “Los hizo Dios”. ¿No será mucho mejor a la inversa?. Dice usted: “Fue Dios” y contestamos “¿Quién hizo a los indios, a los cielos, a los peces, a los conejos?”

-Dios no esta para que le reconstruyan su doctrina, ni a El se le venera de adelante para atrás.
No hubo modo, el indígena persistió en su capricho, el párroco llamó a quien debía, el hereje se evaporó en las mazmorras y como nadie se atrevió a preguntar por él, nadie lo acompaño en su desdicha. Pero el sacerdote quedó perturbado y, ya solo, murmuraba “Es la carencia de todo” y lanzaba la pregunta correspondiente: “¿Qué es la nada?” Volvía a afirmar: “Es la carencia de todo en el sentido de materiales sobre los cuales trabajar, no en el de la carencia de poder”, y se inquiría: “Y como puede salir algo, así sea la nada, de esa carencia?” Y pasaba días y noches estudiando el Catecismo al revés.

Otro párroco que lo escucho se inquietó demasiado, convencido de hallarse ante un juego muy impío. Como además ese curato era muy prospero, convoco a las autoridades correspondientes y desapareció al cura enrevesado, se fue a vivir en su lugar. Por lo menos allí se enseñó el Catecismo como es debido.


No sé a donde te fuiste, pero seguro es un lugar lleno de libros y gatos. 


20100526

La Familia Burrón

No voy a hablar del contenido social de la historieta, ni ha hacer un análisis de su trascendencia en la cultura popular mexicana, ni a hacer apología de los mas de 60 años que duro publicándose de manera interrumpida; hay gente que conoce la obra de Gabriel Vargas mucho mejor que yo y que hablará o ya ha hablado de ello mejor que lo que yo podría hacerlo. Solo voy a decir que en mi casa, cada semana, comprábamos nuestro ejemplar de La Familia Burrón y que yo crecí leyendo las aventuras de Borola, esta loca señora que construía helicópteros con motores de licuadora, que se entretenía aventando “cuetes” a la peluquería de su marido, solo para darle una sorpresa. Que no dudaba en sacar su “mosquetón” para asaltar junto a todas las mujeres de la vecindad, camiones de transporte de alimentos; o en alimentar a su familia con chilaquiles de papel periódico si el dinero no alcanzaba.



Este numero lo recuerdo: Borola se lanza a la política. Nótese que la imagen de los diputados no ha cambiado mucho de 1978 a la fecha.



Viajando a Marte con Kakiko Kukufate, también recuerdo este, aunque a veces la portada tenia poco que ver con el desarrollo de la historia. En solo dos años el precio del comic había aumentado casi un 50%. La crisis apenas iniciaba. Una de las cosas que más recuerdo es que, cuando Borola y su hija iban al mercado, los precios siempre eran increíblemente altos, el kilo de carne, por ejemplo, costaba 42 mil pesos, -en ese entonces era una exageración cómica-. ¿Quién diría que hoy todos esos precios de risa serian reales?

Como dije no quiero hacer análisis, solo agradecerle al Sr. Gabriel Vargas, quien falleció el día de ayer, su espléndido trabajo que tanto disfruté y que tantos recuerdos lindos me dejó.

Regino Burrón, Macuca, Regino chico y Wilson, en La Alameda Central del D.F, México 2009. Las figuras forman parte del Museo del Estanquillo. Trying y yo las fotografiamos en nuestra ultima visita.

Dicen que hay una compilación en 10 tomos de todos los ejemplares del comic, quizá el día que vaya a México intente conseguirlo.

20100128

The Catcher in the Rye

Una tarde, cuando salíamos de la clase de escribir, Rosita Nissan se levanto de su silla y al despedirse de mí me ofreció un libro.

-Léelo, yo sé que te va a gustar. Creo que se parece a ti.

En tipos pequeños y negros, perdidos en la inmensidad de la portada blanca se leía el titulo:

El Guardian entre el Centeno.
J.D. Salinger

-Nomás te lo encargo mucho. ¿Eh?

Creo que a Rosita no le gustaba mucho prestar sus libros y no la culpo, muchas veces no regresan. Yo he prestado libros sin pensar en ello, solo por el gusto que me da tener algo que alguien quiere leer y nunca le dije a nadie “Te lo encargo” o “Pero me lo regresas!” porque me parece rudo. Si tengo desconfianza no lo presto y problema resuelto. Pero creo que no es, después de todo, mala idea hacer una advertencia porque aun me duelen dos libros que un día preste y ya no me regresaron. No me hizo sentir mal que Rosita me dejara claro que quería su libro de regreso, en todo caso pensaba devolvérselo porque no me gusta quedarme con algo que no es mio, pero tras esa advertencia me aseguré que al terminarlo el libro regresara a sus manos.

Empecé a leerlo sin mucha emoción, que es como siempre empiezo a leer los libros: Leo un par de hojas y si no hay algo que me atrape, lo dejo y no lo intento más. Creo que es por eso que he leído tan poquito. Pero este libro extraño me atrapó y lo leí en muy pocos días. No se parece a nada que haya leído antes –aunque repito, he leído muy poco-. Me encantó. La siguiente semana, al finalizar la clase, le entregue a Rosita su libro.

-¿Te gusto?

No recuerdo que fue lo que le dije. Se que le dije que si, que me había gustado mucho, pero no con demasiada emoción. Ahora lamento no haber hablado mas con ella al respecto porque debió pensar que no me había gustado y que solo quise ser amable. Pero lo cierto es que me he descubierto muchas veces pensando en ese libro y lo más extraño es que algunas de las cosas que más recuerdo son las que no parecen tener sentido. Trying me ha dicho que si tenemos suerte esta primavera iremos Nueva York y yo pienso que si llegamos a ir, aprovechare la ida para ver los patos que nadan en el lago de Central Park. No creo tener la suerte de resolver el misterio de saber a donde van cuando es invierno y el lago se congela. Pero tengo una sospecha.

Patos nadando una tarde de sábado en un riachuelo cerca de aquí. Aun no he hablado de este paseo pero lo haré.

Una vez, hace mucho tiempo, cuando nos estábamos conociendo, Triyng me pregunto, hablando del futuro, que que era lo que yo quería ser. Me quede en silencio un rato. Si me hubiera preguntado cuando tenia 6 y 7 y 9 y 15 años le habría respondido sin dudarlo que quería estudiar veterinaria e irme a trabajar a una reserva en África. Pero cuando me preguntó yo ya no tenia ninguna de esas edades y le respondí que nada. Que no quería ser nada. Yo no sé porque razón esa respuesta mía le encantó. No se lo dije para parecer interesante o porque estuviera triste, se lo dije porque era lo que pensaba. Y aun lo pienso: No quiero ser nada. Pero creo que si me dieran a elegir, si me viera en la forzosa necesidad e elegir algo para ser el resto de mi vida, elegiría un trabajo semejante al del Guardián entre el Centeno. Algo así seria genial.

Hoy Murio J.D Salinger y yo, perdiéndome en la red encontré el texto integro del libro en español y pienso releerlo. Eso es lo que voy a estar haciendo durante estos días.