Junio es el mes más gris del año. En el cielo no se distinguen las nubes, todo es de un plomizo uniforme que no alcanza siquiera para hacer llover. Tampoco hace frió, ni sopla el viento y no se adivina en que punto tras esa cortina se encuentra el sol. Las horas, clones de sí mismas, se transforman en un guarismo sin sentido, sin correspondencia con la realidad o la vida. A veces, por la tarde, se logra abrir un hueco en este capote inerte y solo por unos minutos se distingue detrás un acomplejado azul que corre a esconderse de inmediato. Como si tuviera miedo.
:-:
En la empresa estamos trabajando una hora extra al día. Los lunes, ademas, yo tengo que entrar una hora mas temprano. “Para explicarte lo que haremos en la semana” dice mi jefe. Cuando salgo de casa el sol, envuelto en su frazada de junio, ha alejado del camino a los cuervos que meses atrás me invitaban a su juerga secreta, en su lugar solo hay un puñado de palomas desmañanadas. Cuando llego a la bodega, mi jefe ya ha abierto la puerta y acomoda cosas en el interior como si tuviera prisa. Tomo mis pertrechos y pretendo comenzar mi labor, pero él insiste en desmenuzarme el programa de los días que vienen. Me dicta un listado de las actividades para repartir. Yo anoto, pero cuando se él se va, rehago mi lista incluyendo únicamente la parte que me toca.
No quiero el destino de nadie sobre mi cabeza.
:-:
Sudafricanos en el pueblo de Diepsloot miran a traves de una ventana como la seleccion nacional, los "Bafana Bafana", juegan contra México. Muchos sienten un optimismo que no habian sentido en años. (Fotografía y texto de Los Angeles Times, 12 de junio.)
Cuatro dias despues, la selección sudafricana es barrida 3-0 por Uruguay, dejándolos al borde de la eliminación.
:-:
M vendió un auto viejo que tenia en 1200 dólares. Hace dos meses recibió 3000 como pago por haber prestado los números de seguro social de sus hijos para que alguien que si tiene papeles obtuviera reembolso de impuestos incluyéndolos como dependientes. La semana pasada abrió por fin la lata de pintura que usa como alcancía y reunió otros 1800. Ayer, a la hora del descanso, nos contó sus planes para con ese dinero.
- Con el dinero que tiene mi hermano ya casi llegamos a 10 mil. Queremos seguir juntado para comprar una casa y ya no pagar renta.
Tras un breve silencio estallan carcajadas. E responde:
- No seas pendejo, con eso no compras una casa. 10 mil apenas te alcanzan para el papeleo. ¿Pues cuanto crees que cuesta una casa?
- ¡He visto en el periódico anunciadas unas baratas en 80! (mil)
- No hay aquí casas que cuesten eso – corta bruscamente H – Esos anuncios son mentira; cuando vas a verlas te dicen que ya se vendieron pero que pueden mostrarte otra. Así hacen también con los coches, es una manera de engancharte ¿Qué no sabias?
Un largo silencio, ausente hasta de risas, hace evidente que M no lo sabia.
Yo tampoco, pero no lo digo.
M Comparte con 4 familias, incluida la de su hermano, la renta de una casa de tres recamaras; cada familia habita un cuarto y la otra duerme en la sala; la cocina es compartida y se reparten los dos baños. El pago de los servicios es motivo de una disputa cada mes.
El lleva 4 años en Estados Unidos y aunque ha juntado en otras ocasiones cantidades menores, siempre surgía algo que lo obligaba a gastarse el dinero. Pero esta vez no hay imprevistos, abrió su alcancía solo por el placer de ver el dinero junto.
M voltea y me pregunta.
-¿Usted cree que con 50 mil nos alcance para una casa en México?