Siempre me ha parecido que el “Oscar” a la mejor película extranjera es el más auténtico e importante premio de esta ceremonia. Venimos de ver “El secreto de sus ojos” la cinta argentina que obtuvo este reconocimiento en la pasada entrega y solo puedo estar de acuerdo con la decisión de La Academia. Yo no quiero hablar de arte cuando hablo de cine porque sé muy poco de arte, tanto así que me he dado el lujo de recomendar aquí películas que distan mucho de ser siquiera buenas, pero no tengo ningún empacho en decir que esta ha sido una de los mejores filmes que he visto. Por supuesto no le adelantaré detalles de la trama a nadie, pero si voy a decir que no deben guiarse por los carteles oficiales –quizás su único defecto- que hacen parecer que se trata de una historia del montón.
Tres versiones me encontré del cartel oficial, las tres igual de cursis, trilladas y con muy poco que ver con el peliculón que vimos.
Como dije, no puedo asegurar que lo que ví es arte, pero si puedo afirmar que esta cinta me va a tener pensando un buen rato.
Este primero de mayo, miles de personas salieron a la calle en varias ciudades de EU a protestar por la promulgación de la ley SB1070. En la diminuta cuidad en la que vivimos apenas se reunieron 150 personas. Yo estuve buscando información sobre si habría una marcha aquí para poder asistir, pero no encontré nada, supimos de ella hasta que salió la noticia esta mañana en el diario.
Muy distintas la multitudinaria marcha en Los Angeles (arriba) y la pequeña demostración en la cuidad donde vivimos.
La SB1070 faculta a cualquier oficial de policía para que realice funciones agente migratorio, otorgándole permiso de pedirle pruebas de su estatus legal en el país a cualquier persona que detengan y de arrestarlo en caso de no poder demostrar la legalidad de su estadía en el país. Además obliga a las empresas a verificar con las autoridades migratorias la situación de todos sus empleados y conservar registros de toda la gente que contrato o subcontrato por espacio de al menos 3 años, sin importar el tiempo que el empleado laboró con o para esta empresa. De esta manera se hace virtualmente imposible para un indocumentado no solo obtener trabajo, sino hasta caminar por cualquier calle de cualquier cuidad en el estado de Arizona.
Yo, por supuesto, no estoy a favor de la nueva ley, pero este asunto de Arizona me llena, mas que de coraje, de tristeza. Desde mi punto de vista es un coleccionario de infamias y vergüenzas. Por un lado están los norteamericanos de origen anglosajón que –me consta- apoyan en su mayoría las medidas tomadas en Arizona. Ellos no nos quieren aquí, es fácil sentirlo en la calle cuando caminas a su lado, es fácil leerlo en los comentarios del periódico local.
“Woow La cuidad de ----- perdió su oportunidad de oro para hacer bajar el índice de criminalidad, los accidentes de tránsito, deshacerse de automovilistas sin licencia y abrir fuentes de empleo para verdaderos cuidadanos norteamericanos por no haber, rodeado a los manifestantes, subirlos a un autobús y enviarlos de regreso a su país.”
Fragmento del comentario del usuario “Disgruntledresident” (residente enojado) en la noticia de la marcha local de donde obtuve la foto de arriba. El 70% de los comentarios de la nota son en este tenor.
No se trata solamente de la ilegalidad del ingreso a su país, se trata del desprecio que muchos de ellos sienten para todo lo que tenga color y sabor a mas allá de “la frontera sur” Nuestra cuidad, con 65% de habitantes de origen latino, es el blanco predilecto de las burlas y las acusaciones por todos los males que aquejan al condado; todo esto sin tomar en cuenta que la economía del mismo es sostenida por los hombros de la población migrante legal o ilegal, que hace trabajo que –me consta de primera mano- los ciudadanos americanos se niegan a hacer.
Por otro lado esta la farsa que sostiene el gobierno de Obama, quien para llegar al poder entre otras muchas promesas rotas o dejadas al olvido, dijo que impulsaría una reforma migratoria para brindarle la oportunidad de “salir de las sombras” a los millones de personas que viven y trabajan en E.U. de manera ilegal. Quizá a lo que Obama se refería con el eufemismo de “hacerlos salir de las sombras” era que los obligaría a salir a protestar a la calle exigiéndole el cumplimiento de su palabra.
Además esta la ridícula, infamante, indigna y vergonzosa respuesta del gobierno mexicano, que se ha dedicado a desgarrase el las vestiduras por la promulgación de la SB1070, como si fuera ajeno al problema del exilio de tantos millones de compatriotas, como si la corrupción, la negligencia y los abusos cometidos por las autoridades de todo el país no fueran el origen de la pobreza que azota a México y la razón principal de la migración masiva hacia EU.
“...el Gobierno de México ha sido enfático en su condena a la Ley SB 1070, del estado de Arizona, porque, insisto, sus disposiciones vulneran los derechos humanos, corresponden (sic) a cualquier persona, independientemente de su calidad migratoria y, además, tiene (sic) un enfoque que discrimina en términos raciales y amenaza los derechos, no sólo de los mexicanos migrantes en Estados Unidos, o de cualquier otra nación (sic), sino incluso de la propia población mexico-americana, o hispano-americana, que residen en aquella Nación...”
Fragmento de la intervención de Felipe Calderón, titular del poder ejecutivo en México, en la conferencia “Construyendo en Copenhague para el éxito en México” en Bonn, Alemania A su derecha, la canciller Alemana Angela Merkel. (foto y texto del sitio de Presidencia de la República)
Olvidémonos por un momento del maltrato y la discriminación que autoridades mexicanas cometen en contra de migrantes ilegales centroamericanos que se ven en la necesidad de atravesar nuestro país camino a EU, razon suficiente como para no tener cara con que quejarnos de lo que hacen los vecinos; concentrémonos en la razón de la migración ilegal de mexicanos hacia el norte: Los ilegales se van a EU porque en México no les alcanza ni para comer. Lic Calderón, ¿No lo sabía o se hace usted pendejo?
Por último esta la posición de los propios migrantes. ¿Dónde estábamos todos a la hora de protestar en México por las malas condiciones económicas que nos arrojan a padecer abusos en un país extranjero? ¿Porque culpamos a los estadounidenses de racismo dejando, al mismo tiempo, a nuestro gobierno libre de toda responsabilidad respecto a la pobreza y la falta de oportunidades que nos empujan a este autoexilio? Si, según las cifras del Consejo Nacional de Población, existen poco más de 11 millones de mexicanos viviendo en Estados Unidos, ¿Porque solo 27 mil votaron en las elecciones federales de 2006? ¿A donde quedo nuestra responsabilidad y compromiso por evitar la migración en primera instancia y por ayudar a que nuestros compatriotas no tengan que venir a sufrir las persecuciones que se sufrimos acá? ¿O será que en el fondo este asunto de la lucha pro-migrante se trata solo de un “sálvese quien pueda” para dejar que se lleva la fregada a los que se quedaron allá? ¿Será esa la única salida que nos queda a los mexicanos: Venir a mendigar al norte un poco del bienestar que no somos capaces de conseguir en nuestro país?
Para mí, este asunto de la SB 1070 es igual de árido y desolador que el desierto de Arizona.
Mochila abandonada por algún migrante ilegal en le desierto de Sasabe, Arizona, mientras huía de la patrulla fronteriza. Foto de Joel Smith
El estrés y la tensión se alejan mentando madres hasta que te gana el sueño. Al despertar, el malestar se evaporó.
Los agujeros en las paredes y el olor a tablaroca se arreglan con un poco de papel, cinta adhesiva y paciencia.
Pero yo no encontraba la manera de tranqulizar a los gatos. La casa tan pequeña, sonido de motores, herramienta, paredes y techos crujiendo, y la amenaza latente de que se desatara un drama cuando alguien, por descuido, abriera la puerta del cuarto a donde los enclaustramos tras de su fracaso como refugiados.
Pero a Trying se le ocurrió algo:
Y nadie, pero nadie, entró a la recámara, y fue así como fontaneros, gatos y dueños pasarón una tarde de lo más tranquila.
Sumándose a esta temporada de contratiempos y prisas, desde el lunes estamos con la casa en obra, le están reemplazando la fontanería entera a toda la unidad de condominios, pues la anterior por lo dañada que esta, ha inundado ya los departamentos de niveles inferiores en varias ocasiones. Como resultado tenemos la casita convertida en un queso gruyere.
(Imagino que los plomeros también han padecido, pues estos agujeros y los de la cocina los abrieron a martillazos.)
La casa convertida en campamento de damnificados.
Y dos gatos muy poco cooperativos, pues los dos días los hemos llevado como refugiados a casa de los papas de Trying, ha sido un teledrama sacarlos de debajo de la cama a la hora de traerlos a casa de nuevo. Todo sin contar con los trastornos en el horario de trabajo, las comidas de lo que se puede a la hora en que se puede y el deleznable olor que emite el interior de las paredes de tablaroca con la que hacen sus casas estos simpáticos gringos.
Si compras casa en E.U. básicamente estas comprando un armazón de madera cubierto con cal comprimida. Punto. Si rompo de un puntapie esa endeble placa que se ve al fondo, obtengo una linda panorámica de la casa del vecino. Serán muy seguras en caso de terremoto, pero virtualmente están hechas de mierda.
La reposición de la plomería durara unos días mas y después tendremos que esperar a que venga otro contratista a reparar el daño. Una semana más de vivir en la zona de desastre.
Hoy probaremos como se comportan estos gatos en una casa, por ahora duermen como blancas palomitas pero dentro de rato que lleguen los fontaneros veremos de que están hechos ellos... y también nosotros. (A quien piense que exagero, lo reto intentar sacar a Moshki de debajo de la cama y salir ileso. XD )
El ultimo día completo en Nueva York empezamos lo mas temprano que pudimos, porque ya para entonces la caminata de las jornadas anteriores estaba haciendo mella en nuestras piernas. Para esta mañana el tímido sol de los dos días anteriores se había puesto su traje de gala para despedirnos. Quiero pensar que por fin se estaba encariñando con nosotros y su cambio de humor era en pago por el berrinche que nos hizo a la llegada y no que su ánimo mejoraba viendo que ya nos íbamos.
Nuestra primera estación esa mañana era el Museo de Historia Natural que quedaba precisamente al otro lado de Central Park de donde estaba otro museo, El Whitney; era la ocasión de matar tres piedras con un pájaro. O más bien cuatro: porque de camino pasaríamos cerca de la estatua de Alicie in Wonderland, que era uyn sitio que Trying se había propuesto ver desde que planeábamos el viaje.
Además, así podríamos dar otra vuelta por la parte alta de Manhattan, tan distinta a la parte baja que recorrimos la tarde anterior
Más amplias y mucho más tranquilas que las alborotadas calles de la zona sur. Tal vez en las fotos la diferencia no queda muy clara pero son dos ciudades bien distintas.
Los museos de historia natural que conozco tienen estructuras muy semejantes, pero me gustan porque siempre encuentras cosas divertidas, interesantes o que no sabias a pesar de que creíste entender como es que funcionaba el mundo.
186 kilos y medio... Debí pedir la omelette sin tocino...
Este cangrejo gigante japonés era del tamaño de un sedán.
Extrañábamos a Moshki
...y a Ramona. ¿Comenté alguna vez lo bien que se llevan?
Un millón de arañas tejieron esta prenda de un amarillo dorado precioso.
Por supuesto la estrella del show es el tiranosaurio y todos quieren verlo. El ultimo piso del museo estaba atiborrado de niños, lo que le recordó a Triyng, quien no muere de ganas de ver a nadie menor de 10 años en sus vacaciones, que era hora de irse.
Un par de calles más adelante está Central Park. En vez de hablar sobre él, invito a quien lea a caminar por esa arboleda una mañana tranquila de abril.
Para entonces estábamos algo cansados y no bien seguros si llevábamos el rumbo correcto, así que nos detuvimos unos minutos a descansar frente a este estanque habitado por peces dorados (¿Se alcanzan a ver?), y mientras conversábamos, algo salió de entre la hierba y se lanzo al agua.
Eran una pareja de Patos Reales, la primera que regresa de sus vacaciones en el sur. Los Patos Reales solo forman parejas en el periodo en que la hembra esta por poner huevos, así que estos estaban de luna de miel. Tomé estas fotos como prueba, ya solo faltaba buscar a Holden para contarle mi hallazgo. Felices, nos dispusimos a seguir nuestro camino.
El invierno este año fue especialmente duro en Nueva York, pense que encontraríamos Central Park mucho mas seco de lo que estaba.
Llegados a este punto pudimos comprobar que no nos habíamos perdido, ahí adelante estaba la estatua de Alicia. Pero ¿Por qué le interesaba a Trying ver a Alicia? En una de las lecciones de lectura que enseña, hay un cuento llamado “Exploring Parks with Ranger Dockett” en el que un guardabosques como es su trabajo cuidando Central Park. Uno de los lugares que visitan es la estatua de Alice in Wonderland. Siempre le sorprende mucho a los niños que exista una estatua de Alicia –la mayoría de los chicos de segundo grado aquí saben quien es Alicia, pero no conocen una estatua- y Trying quería mostrarles una foto del sitio para que vieran que el lugar existe.
Pero al llegar, en vez de una estatua solitaria como la de la ilustración:
Alicia era copada por un montón de chamaquitos y un grupo de padres y hermanos sacando fotos. Como no nos animamos a gritar “Fire!!! Run for your lives!!” para que todos se alejaran, Trying tuvo que conformarse sacándose la foto frente a la estatua pero con el montón de chiquillos colgando de ella.
La estatua de Alicia se encuentra en el borde del parque, así que su encuentro era el final de nuestro paseo y le dijimos adiós a Central Park.
Unas calles mas al este y llegamos al Museo Whitney. Este es un museo de arte moderno, de corte parecido al Guggenheim, pero la diferencia entre uno y otro es abismal, pasamos largo tiempo recorriendo sus salas, metiéndonos dentro –textualmente- de algunas de las obras de arte, y maravillándonos con un montón de salas de video que muestran pequeños filmes, algunos muy zafados pero muy divertidos; nada que ver con el pretencioso y acartonado estilo de Guggenheim que te hace pensar que caminas dentro de la morgue. El único problema es que la tienda del museo es mínima, y fue imposible conseguir reproducciones de algunas de las cosas que vimos ahí. Dos de las obras que más me impresionaron fueron la historia fotográfica de Ty Ziegel, un marino que regreso de la guerra de Irak desfigurado en un atentado suicida para casarse con la prometida que dejó esperándolo meses atrás.
Tras un noviazgo de años que trascendió a su accidente, se casaron y su boda fue nombrado día de fiesta estatal (Illinois), pero el matrimonio de Ty y Reneé duro solo 3 meses. Yo cuelgo esta foto y no otras porque las imágenes son estrujantes. Si alguien quisiera ver la serie completa de la fotógrafa Nina Berman, (tal como la vimos en el Whitney) pude hacerlo aquí.
Pero advierto que no deben hacerlo si son de temperamento sensible.
La otra fue una escultura hiperrealista de Duane Hanson.
“Mujer con perro” es de 1977 (la foto viene de la pagina del Whitney) y no es una simple figura como las que se encuentran el los museos de cera; viendo a corta distancia a esta mujer hecha de polímero es difícil creer que no es real, por un momento piensas que va a parpadear o peor, que va a levantarse de su silla. Da un poco de miedo verla pero es fantástica.
Salimos del Whitney y anduvimos hacia el sur un rato sin una idea exacta de a donde podíamos ir, estábamos entre Union Square, la plaza en donde normalmente se realizan las protestas en Nueva York y El puente de Brooklyn. El problema era que por la hora y al ser el ultimo día completo que estaríamos ahí, el lugar al que no fuéramos ya no lo íbamos a ver.
Y entramos al metro con esa disyuntiva cuando en el transbordo donde debíamos tomar una ruta u otra, escuchamos música.
El grupo del trombonista Alex LoDico tenia dos saxofonistas increíbles que yo no pude grabar pero Trying sí.
Cuando nos fuimos de ahí nos fuimos finalmente a Brooklyn.
Y esperamos en Brooklyn Heigths Promenade, -que es un paseo al pie del puente con vista a Manhattan- a que se pusiera el sol.
(click en la imagen para ver en grande)
Cuando empezó a obscurecer. Fuimos a buscar un sitio a donde comer para regresar más tarde a ver la ciudad de noche.
Comimos en un bar, el “Henry Street Ale House” fue el lugar más neoyorkino –se notaba a leguas que éramos lo únicos turistas- en todo el viaje, también el mas económico y mas rico de todos.
Después, regresamos a la rivera del Hudson.
Incluidos en estas imágenes que tanto me gustaron, están los edificios del distrito financiero del que no hable muy bien hace unos días. La mayoría de las cosas –y de la gente también- poseen un ángulo por donde se asoma la belleza. Tal vez debo ejercitar un poco más mi tolerancia.
Intoxicados de luz y por ser la ultima, quisimos terminar la noche yendo a Times Square. Sacamos muchas fotos ahí, la mayoría salió borrosa y no sirvieron, pero nos guardamos en la memoria el espectáculo de luz artificial que palidecía sin remedio frente a la luz proveniente de los rostros de tantas personas que miraban asombradas pensando que lo bello estaba afuera.
Estos últimos en particular, me pidieron que les tomara una foto, cuando les entregue la cámara, miraron el resultado (seguramente opaco en comparado con la vivacidad del neon) y con un dejo de decepción nos dieron las gracias. Que ganas de decirles que la luz que buscaban no estaba en la pantalla de LCD...