20100413

NY 5 "Disculpe... ¿Cómo llego a Greenwhich Village?"

Tal y como lo anunciaron en el noticiero, aunque el cielo aun estaba gris, el miércoles ya no llovió y el frío dejó paso a un clima templado, perfecto para caminar. Para esa mañana nuestro primer objetivo era Greenwhich Village que es la parte bohemia de la ciudad y a la cual Trying tenia muchas ganas de ir. Como estaba cerca del hotel -a esas alturas cualquier distancia menor a 4 kilómetros era nada- nos fuimos a pie. No era la primera vez que hacíamos esta ruta, el camino que recorrimos ese día era casi el mismo que el que del turibus. Creo que fue Berrnard Hinault, el ciclista francés, que escribió en uno de sus libros que sentía pena por los automovilistas que en carretera iban encerrados en sus cajas metálicas, sin poder sentir la brisa ni darse cuenta de ninguna de las maravillas del camino. Fue algo parecido lo que sentí cuando varias veces mientras caminábamos, recordé lo poco que se parecían las calles por las que estuvimos caminando ese miércoles a las que vimos desde arriba del autobús.








Nada del distrito Chelsea mereció comentario alguno por parte del guía en el crucero rodante, en cambio se nos dio una amplia explicación respecto a que la tienda Macy’s fue la primera tienda departamental en EU. La pésima fortuna del primer día se convirtió finalmente en algo bueno, pues si ese primer paseo hubiese sido agradable, por aprovechar los tres días que el boleto cubría, nos habríamos perdido de lo más lindo de la cuidad que son sus calles y su gente.

La broma es que los turistas siempre llegan preguntando a Greenwhich Village que donde es Greenwhich Village. Y es que muchos pensamos que se trata de una especie de mercado o un grupo fácilmente identificable de comercios y tiendas extrañas, galerías de arte y cafés culturales, pero, aunque en parte hay todo eso, se trata solo de la zona que rodea Washington Square Park y que cobró fama a partir del nacimiento del “Movimiento Beat” del que yo no sé mucho pero Trying si.


A Greenwhich Village la estereotipan del mismo modo que se estereotipó a los “Beat” parecidos a este muñequito: con lentes, boina, barba de chivo y componiendo poemas que nadie entiende.


Pero lo que si es cierto es que la zona es hermosa.




Y aunque no existe un mercado especial, ni una hilera compacta de comercios poco comunes, si hay librerías, cafés culturales y tiendas raras. Y es un placer andar buscando donde meterse a curiosear.


Three Lives Company es una pequeña librería independiente. Yo nunca he ido a Inglaterra, pero me parece que tiene sabor inglés.


Tan hermosa por fuera como por dentro. Y tenia un hermoso olor a libros (cosa que podría parecer obvia pero no todas las librerías huelen así) Salimos con varias cositas y nos dejaron tomar fotos.

No muy lejos de ahí, nos encontramos algo que pudimos ver fugazmente desde el camión panorámico el primer día.



Estos azulejos reflejan los pensamientos y sentimientos de gente a lo largo de Estados Unidos en respuesta a los eventos del 11 de septiembre. Artistas de todas las edades y orígenes expresan sus emociones aquí


“Tiles For America” es la iniciativa de unos comerciantes en cerámica. Infortunadamente la idea ha sido motivo de disputas entre quienes se dicen sus creadores.

 
Si quieres saber la verdad sobre este memorial visita (...) Otros sitios buscan obtener ganancias con este proyecto.


Tanto el sitio referido como los que en este se acusa de usurpadores, se encuentran en el mismo abandono que los azulejos que cuelgan de la reja en el cruce de la avenida 7 y la calle 11. Es el precio de crear una idea anteponiendo el beneficio que puede reportarnos al significado de la misma.

Junto a los mosaicos ultra nacionalistas que solo ven el lado de la moneda que a muchos norteamericanos les conviene ver, hay algunos que me gustaron mucho y fueron esos los que traje conmigo.



De la ciudad del sol (el paso Texas) con amor Irene y Earl

Dana Falkenberg, edad 3, American Airlines 77. Voló hacia los brazos de Dios.

Liz si ama a Pedrito. =)


La tragedia del 11 de septiembre marcó a la cuidad de por vida. Por todos lados se encuentran vestigios del horror que se vivió ese día y las semanas subsecuentes. Y mientras más te acercas a la Zona Cero más evidente es la profunda cicatriz que en su gente dejó.

Decimoctava compañía del Departamento de Bomberos de NY.


En memoria de los 7 miembros de este escuadrón caídos durante el desplome del World Trade Center. Parte del los mas de 300 bomberos muertos ese día.
 
Caminando te encuentras cosas que te hacen ver en una cuidad grande la vida no es como cuentan las agencias de viaje.
 

Preguntábamos por la forma de llegar a Washington Square, cuando un rechinido estridente nos hizo brincar a todos. Al otro lado de la avenida, una llanta se le salió a este taxi mientras estaba en movimiento. Afortunadamente ocurrió mientras el trafico frenaba por la luz amarilla y nada grave pasó. El chofer cruzó la calle, recogió el neumático y regreso a su unidad haciendo parecer que no le importaba, pero la contrariedad en su rostro es de antología. Pobre.  Al final una grua se llevó el auto.
 

A esta tienda no entramos porque los calzoncillos de latex rojo no son mi estilo. Quizá en un color más discreto...


Esta foto lleva dedicatoria muy especial a Noemí, por un pleito que ya llevamos rato sosteniendo =) . La calle es tranquila y hermosa, por cierto.
 
 
Con gusto viviría en uno de esos edificios rojos sin importarme las suspicacias..

Finalmente un acomedido vendedor callejero nos pudo dar razón de hacia donde caminar para encontrar Washington Square Park. No culpo a quienes preguntan en Greenwhich Village que donde es Greenwich Village, las calles retorcidas, completamente distintas a las rectas interminables del resto de la cuidad, hacen de esta zona un laberinto donde vale la pena perderse.

20100411

NY 4 "Muchos asombros, pocas palabras"

El clima no mejoraba saliendo del Guggenheim. Afuera el viento volteaba paraguas, volaba sombreros y le hacia difícil la vida a todos.


Estos pajaritos gordos se sacudían la lluvia afuera del museo. Ni ellos se salvaban.

Pero ademas de frío teniamos hambre. Y nos fuimos caminando hacia el sur buscando donde comer. Calles mas abajo a Trying le atrajo un lugar y nos metimos a probar suerte. Resultó ser un sitio especial “Le Pain Quotidiane” un restaurante de origen belga, con mesas largas donde la gente llega y se sienta donde haya lugar. Un ambiente muy agradable y eso de comer junto a un extraño es una experiencia interesante. ¿La comida? Es orgánica (con todo lo subjetiva que es esta clasificación) y de lo que comimos en Nueva York fue de lo mejor y a mejor precio.

 
 
La sopa de champiñones, deliciosa. Y el pan no se diga.
 
Ya comidos, como el caso era darle una vuelta a la parte alta de Manhattan, seguimos caminando hasta que los pies pidieron tregua, . –caminamos cerca de 30 cuadras- y entonces nos subimos al metro.

 
Que ya para entonces no lucia tan terrible. Y al llegar a la estación a donde íbamos a bajar, escuchamos música y yo encendí la camara.
 



Manzé Dayila es una artista haitiana residente en NuevaYork, y tiene una voz impresionante. El sistema de transporte público neoyorquino organiza, desde 1985, un programa llamado “Music Under New York” llevando cantantes y músicos de gran calidad a actuar en las estaciones del metro. A cambio, ellos pueden vender sus discos, recibir donaciones de los usuarios y hacerse promoción. Tome tres videos pequeñitos y uní dos de estos para hacer el video que puse aquí. En el tercer video, de apenas unos segundos, Trying se acerca y se pone a bailar con la srita Dayila. Ese no saldrá a la luz. Inútil tratar de convencer a Trying, pero sepan que bailó muy bien =)

Pero esa no era la ultima sorpresa de la noche, porque en esta escala subterránea hubo dos estrellas; la primera la poderosa voz afro caribeña de la srita Dayila y la segunda el lugar a donde lleva la estación del metro en la que la vimos a ella: Grand Central Station.


 


 
No tengo palabras para describirla, solo puedo decir que es tan mágica como lo parece en “The Fisher King”. Y que Trying y yo bailamos y bailamos ahí...

En trance aún, Salimos de Grand Central y la llovizna no cedia, pero ahora la neblina se habia apoderado de las calles dándole un aspecto delirante a la ciudad.



Fue esta la imagen que, tras una jornada repleta de asombros, quisimos llevarnos para soñar con ella esa noche.

20100409

NY 3: "La invauable experiencia de caminar a lo güey"

El Martes, ya bien descansados, nos fuimos en metro hacia la zona norte de Manhattan. Como a Trying le encanta visitar universidades, nuestro primer objetivo era Columbia University, la escuela de estudios superiores más antigua de Nueva York, pero como esta vez íbamos a pasear a nuestro estilo, teníamos en mente uno o dos sitios más, pero el resto dejaríamos que los ojos, los pies o la casualidad nos llevaran. Nuestro primera escala no programada patrocinio mío: Nos bajamos del metro en la estación equivocada y en vez de salir a las puertas de la Universidad llegamos a una calle cualquiera. Como habia que caminar, aprovechamos para buscar donde desayunar. Hasta entonces teníamos ya bien clara una cosa de Nueva York: no es fácil encontrar donde comer. Los lugares que visitamos son muy caros, no muy ricos y la atención no es la mejor. Quizá el problema es que estamos acostumbrados a la comida en California. En los restaurantes de California existe algo llamado “refill”: Si ordenas un refresco –soda- los meseros retiran tu vaso cada que lo vacías y te lo cambian por uno lleno, si vas a uno de comida rapida, las maquinas de refresco están a tu alcance y puedes servirte las veces que quieras. La primera vez que comimos en Nueva York se nos quedaron viendo con autentica cara de What cuando pedimos que rellenaran nuestro vaso. Las porciones de comida en California son desmesuradas, mientras que en Nueva York son mas bien pequeñas. Por si eso fuera poco, los meseros en California se acercan varias veces a tu mesa para ver “si no se te ofrece algo” o de plano te encajan en los ojos la tentadora carta de postres; en Nueva York, al menos en la mayoría de los lugares donde comimos, los meseros no se acercan ni para llevarte la cuenta. Tenemos la teoría de que por esa razón en Nueva York no hay tanta gente obesa, en cambio acá en California parece reglamentario. Aunque la verdad yo no soy de restaurantes, lo mío es el taco callejero de suaperro, pastor, nana, nenepil y todas sus variedades, pero acá no se estila. Es una pena, no saben de lo que se pierden.

Nomás de ver la foto me transformo en uno de los perritos de Pavlov (que seguramente forman parte del menú) ¡Arf!

Foto tomada del por *El finísimo Jarritos*, quien dice que cuestan 3 por 15 pesos.

Saliendo de desayunar y al ritmo de “de tín marín, de do pingüe” elegimos una calle y nos pusimos a caminar hacia la Universidad, pero a media cuadra encontramos una librería y nos metimos a curiosear. Eso tiene lindo esta cuidad: hay muchas librerías independientes ¡y además están llenas! En cambio en California, las grandes cadenas han acabado con las librerías chicas y las pocas que sobreviven están desoladas.


Flores y libros.


En todas las librerias a las que fuimos compramos alguna mugrita, pero esas sorpresas las dejare para el ultimo post.

¿Vieron las flores en la ventana? Pues así son muchas de las calles en Upper Manhattan en primavera, llenas de árboles con flores, que, combinadas con los edificios de ladrillos rojos y cafes hacen una combinación hermosa, muy distinta a los monstruos de cristal y acero de la parte baja.

 
Al final de esa calle encontramos una iglesia hermosa y yo quise ir a ver.
 
 
 


La Catedral de San Juan el Divino, que es hermosa por fuera, pero más aun por dentro.


(El vitral de la Gran Rosa, el mas grande de Estados Unidos con 13 metros de diámetro)


Salir con mi padre significaba visitas obligatorias a cuanta iglesia linda se nos atravesaba y ese gusto por el arte sacro me dejó raíces, -aunque la religión no. Trying recien va descubriendo esta faceta mía-. Una de las cosas sorprendentes que había dentro eran las veladoras con oraciones que dejan los devotos.

En todos los idiomas

“PIM: amada y pequeña compañera felina, te extraño”

Cada vela era un dolor, una esperanza o ambas. Nosotros también dejamos la nuestra.


La parte buena de caminar baboseando es que la distancia no se siente. Cuando salimos de ahí descubrimos que la universidad estaba a escasas dos cuadras.

La Universidad de Columbia es sencillamente hermosa.

La Biblioteca Low Memorial, que en realidad ahora es el centro administrativo de la Universidad.

La Biblioteca Butler
 
El teatro Miller (derecha)y la facultad de periodismo (izquierda)

Trying no puede olvidarse de la docencia ni siquiera en vacaciones, le atrae mucho el ambiente universitario y sé que si tuviera tiempo y viviéramos cerca de una Universidad como esta, tomaría cursos de todo. Pero por aca solo hay un par de universidades chicas que no ofrecen muchas opciones en filosofía o literatura. Otra de las desventajas de vivir en un pueblito.

Despues de la obligada escala en la tienda de la universidad, nos segumos caminando hacia el este para llegar a Central Park.

Apenas recuperándose del invierno, pero tan hermoso que esta foto no le hace justicia.
 
 
Pero esta si un poco. Esas ramas están llenas de flores rosas, anunciando que en unas semanas estarán llenas de color. En realidad no pensábamos ir a Central Park ese día, nuestro objetivo era el Museo Guggenheim, para lo cual teníamos que atravesar Central Park. Yo le pedí a Trying que reserváramos un día con sol para recorrer el parque –el noticiero nos prometía un miércoles y jueves de clima mucho mas amable- así que no nos detuvimos mucho ahí. Pero para llegar al museo teníamos que rodear el Lago Jacqueline Kennedy Onassis.
 


Una larga, húmeda y tranquila caminata alrededor porque el lago es muy grande. Yo iba mirando al agua con cierta decepción porque no había seña alguna de patos, pero a medio camino:


Falsa alarma... ese era un ganso canadiense. Mas adelante vimos otros gansos blancos con negro, pero nada de patos. Ni hablar.

Llegamos al Guggenheim que es un museo de arte moderno de arquitectura muy especial. Las salas están repartidas a lo largo de una rampa en espiral rematada con un domo de cristal a manera de techo. El edificio, famoso de por si, cobró nueva fama a raiz de la pelicula “The International” en la que un tiroteo entre espias se lleva a cabo ahí.



El museo en realidad tiene una atmosfera mucho mas obscura y es mas pequeño de lo que se ve en la pelicula, pero el edificio es muy hermoso.


Pero tuvimos una mala experiencia en el museo porque el personal se comporto muy mal. Quiza porque habia muchísima gente y estaban fastidiados, pero los empleados del museo, sobre todo los de paquetería, fueron muy agresivos con el publico, uno de los juegos de audifonos que nos dieron no servia y -tal vez influenciados por la mala actitud de los encargados- el arte exhibido ahí no nos atrapó. La tienda del museo si estaba linda, pero en general el Guggenheim fue una decepción. Lo prefiero en la película aunque ahí lo destrozan...

Ya eran cerca de las 5 p.m. al salir del museo, teníamos hambre –y mucho frió- y empezamos a buscar donde comer. Lo que ocurrió después lo contare en otro post porque esa noche el metro nos mostró una faceta que no le imaginábamos y fue tan bonita que prefiero reservarle una entrada aparte.