El sábado estábamos instalados en la flojera mas total y de repente se acerca Moshki, le acaricio la espalda y ¡Zaz!, que me responde con un siseo y huye enojadísimo. Nos espantamos. La ultima vez que tuvo esta reacción se había lastimado la columna al chocar con una pared. Lo revisé y parecía estar bien. Decidimos no alarmarnos y seguir con lo que estábamos haciendo: Absolutamente nada. La mañana del domingo todo normal hasta que el gato se subió a la cama, lo acaricie en la cabeza y Zaz! Otra vez un siseo y a correr. Trying lo cargó, lo reviso de nuevo y encontró en su barbilla una protuberancia que creímos era el piquete de algún bicho. En fin de semana el único lugar a donde podemos llevarlo es el Hospital de Emergencias para mascotas. La ultima vez que lo llevamos ahí, nos cobraron 120 dólares por tratarle una sospechosa y enorme inflamación en su labio, que al final resulto ser un simple barro, con lo que Moshki impuso un record en el Libro Guiness: La espinilla mas cara del mundo. Además del precio, en ese lugar no le tuvieron la paciencia que hay que tenerle al león en que se convierte Moshki cuando esta frente a una bata blanca. Decidimos esperar al lunes para llevarlo a la clínica del Doctor de Gatos, con la Doctora Mágica con la que el león se comporto como el tierno gatito que no es.
Nos devanamos los sesos pensando que podría estarle pasando. ¿En verdad lo picaría un bicho y por la hinchazón le dolía todo el lomo? ¿Habría chocado en sus rondas por el tejado sin que nos diéramos cuenta? ¿Estaría enfermo del estomago? ¿Tendría solamente otro barro? Trying, cuando a alguien le duele algo sin razón siempre llega a la misma conclusión: “Es cáncer”, y hacer que le regrese la tranquilidad es un triunfo. Mientras tanto, Moshki se paso toda la mañana y tarde debajo de la cama con cara de pocos amigos, aunque por la noche lo vimos un poco mejor.
La tarde de ayer, en la clinica, y empezamos con malas noticias: Gerdie, la gatita de 19 años que vivía en la clínica murió en febrero. Conteniendo las lagrimas, Isabelle nos explicó que a finales de enero, Gerdie empezó a sangrar por la nariz y oídos tras la detección de un abultamiento en su cabeza que resulto ser cáncer. Su avanzada edad ya no le permitió recuperarse.
Nos dieron este obituario que incluye un poema y una despedida de parte de todo el equipo del hospital: “Until we meet again sweet Gerdie”
Tras esta, más malas noticias: La Encantadora de Gatos, la única veterinaria que ha podido controlar a Moshki no estaba y en su lugar lo atendió otra que, pese a su empeño, salió rasguñada en un brazo apenas iniciado el primer round. Haciendo acopio de paciencia, regreso al ring armada con una toalla, envolvió a Moshki y se lo llevo a la sala de consulta trasera, donde los clientes no ven como usando técnicas y equipo medieval, los veterinarios someten hasta el gato más salvaje. Minutos después regreso derrotada: “Yo soy experta en gatos agresivos, pero Moshki es el gato más veloz que haya visto y no pudimos controlarlo. Tuvimos que meterlo en una caja transparente para auscultarlo, pero golpea la caja y no podemos. Vengo a pedirles permiso para sedarlo”. Concedido el permiso, se fue y regreso a la media hora. El diagnostico fue que Moshki tiene gases. Si, gases. Según nos cuenta la doctora, los Manx (Moshki es un gato Manx, de esos que no tienen cola) sufren problemas intestinales por la falta de las vértebras finales de la columna y es hasta cierto punto normal que un día dejen de evacuar con los resultados que pudimos ver. La receta fueron unos polvos laxantes, una pomada para la infección en su mandíbula –que finalmente era una herida y no un barro- y un antibiótico en suspensión que según se nos dijo sabe a diablos, pero le ayudara con los cólicos. También le sacaron una muestra de sangre, para descartar alguna infección en otro órgano.

Nunca en la vida me han recetado tanta medicina en una sola visita y ningún medico me ha aguantado mis berrinches durante la consulta (y eso que jamás he intentado morderlos) Definitivo, en Estados Unidos los animales reciben mejor atención que los humanos.
Moshki llegó a casa conciente y bien, aun cuando la doctora nos dijo que pasaría mínimo dos horas noqueado por el sedante, y no solo se le ve mejor, sino que además se ha dado el lujo de enojarse conmigo y me ignora. Lamento decirte, gatito, que mañana que empiece a darte tus tres medicamentos, vas a odiarme más. =P
Por si fuera poco, el gato se dio tiempo para imponer otra marca en el Libro Guiness:
309 dólares por un pedo atorado, sin discusión el pedo más caro del mundo. ¿Quien se atreve a desafiar al campeón?