20090531

Oficialmente gordo

En mayo del año pasado durante la aplicación anual de vacunas, Moshki, uno de nuestros gatos, peso 5.95 Kg. (13.12 libras). A principios de mayo, en su re-vacunación, el mismo angelito hizo moverse la bascula hasta los 7.52 Kg. (16.6 libras) Por lo que fue declarado oficialmente gordo. Ramona, -nuestra gata- a pesar de ser muy inactiva, come poco y mantuvo su peso sin problemas.

El doctor nos advirtió que si engorda mas, se arriesga a sufrir de problemas cardiacos y morirse, literalmente, de un coraje (No le gusta ir al veterinario y se pone furioso al verlo, asi que este solo lo conoce enojado) Así que por recomendación medica, debemos limitarles la cantidad de comida. Ahora, en vez de tenerles siempre un poco en sus platos, solo les damos cierta cantidad. Cuando se acaban su ración no podemos darles más.

La gata ha reaccionado muy bien a la nueva manera de alimentarlos y espera a que se le sirva, pero Moshki no. Se acerca a su plato vació y se sienta esperando que lo veamos, y si después de un rato no le hacemos caso, rasca la puerta del mueble donde sabe guardamos su comida. La verdad ha sido difícil para el y para todos, sin embargo estamos decididos –nosotros, no él- a que en mayo próximo vaya a su cita con un par de libras menos. Quise postearlo porque así me será mas fácil ir monitoreando si progreso.




Moshki esperando más comida, pero esa noche ya se había terminado su ración. Nótese la expresión de pobre alma atormentada que seria la envidia de Libertad Lamarque.

Come on, Gordo! You can do it!

Portland! (parte 3)

¿Que nos motiva a ir de visita a un lugar?. Puede ser el efecto de la publicidad; de lo leído en la sección turística de un diario, revista o la relación insípida de cierto blog escrito por alguien sin nada mejor que hacer..., o por lo que familiares o amigos nos cuentan; algo que vimos en una película o leímos en libros de historia o vimos en TV. Atraídos por las elucubraciones de la imaginación, definimos nuestro deseo de acudir a cierto sitio para ver con ojos propios lo que solo hemos soñado. La visita puede materializar nuestras ilusiones o reducirlas a un montón de escombros, dejándonos con la “Guía del viajero” en la mano como recuerdo de la ingenuidad perdida. Oh decepción!.

Nosotros decidimos ir a Portland porque mi pareja, en un viaje en tren a Seattle (que ya prometió también visitaremos cuando, en 2055, la recesión lo permita) pasó por ahí y se quedo con la impresión de una ciudad hermosa y verde ,la cual apuntó de inmediato en su lista de intenciones. –Me instruye además, mientras escribo, que ya desde antes Seattle y Portland le atraían por el halo de ser la cuna de la música grunge de los 90’s: Nirvana, Pearl Jam, SoundGarden, y que el panorama desde la ventanilla fue solo el acabose-. El caso es que Portland estaba en su libreta y yo suelo, ante cualquier propuesta de paseo, responder que soy feliz en la calle, aunque solo vayamos al parque de aquí junto a comer tortas de huevo con chorizo y una “pecsi”.

Tenemos una manera un tanto absurda, de conocer lugares: Luego de investigar algunos sitios de interés en internet, nos lanzamos a caminar ayudados de un plano hacia esos lugares, aunque no siempre llegamos a ellos; porque si encontramos algo en el camino, si algo nos distrae o nos hace perdernos, olvidamos el objetivo y terminamos en lugares que generalmente no aparecen en las guías. Una de las cosas que más me gustan de mi pareja y que estoy empezando a aprenderle es algo que debería llamarse “turismo del color”; tiene un sentido del color sorprendente y encuentra belleza en lugares que otros -me incluyo- no notan. Cuando toma fotos, a veces la gente voltea a ver que demonios es lo que esta fotografiando. Me encanta. En este sentido, Portland superó con creces nuestras expectativas: Nos recibió con el traje verde esmeralda más brillante de su armario.

Jamison Square. Un parque que abre a las 5 am y cierra a medianoche! En el Sur de California, si la policía te encuentra en un parque publico despues de las 8pm te arresta. Esta ciudad es de su gente.



North Park, otro parque, muy cercano al anterior. Ojalá la foto le hiciera justicia a la luz del sol filtrándose por entre las ramas...



Algo así, era algo así...


A la entrada de la Universidad Estatal de Portland. “Que el conocimiento sirva a la ciudad” Una Universidad que, carente de cercas, se funde con la ciudad haciéndole honor a este lema.


SouthPark, el camino de entrada a la Universidad Estatal. Una docena de cuadras de autentico bosque.

Sendero del Maple en el Parque Washington. Este bosque encantado y lo que nos ocurrió en el merece mención aparte, pero será después

Recién desempacados del avión, un chico muy amable, nos dijo que éramos muy afortunados de ir en una semana soleada, que el clima no siempre es tan benévolo y que llueve a cantaros gran parte del año. Otra chica, estudiante de la universidad, nos contó que apenas en febrero los árboles no tenían una sola hoja.. De verdad tuvimos suerte.

Pero Portland tambien sabe vestirse de rojo:


5ta y Adler Street, justo frente al hotel. ¿Es mi imaginación o se parece al Paseo de la Reforma en el DF?


Árboles en un complejo de departamentos en el barrio Old Town.


Pioneer Square. Una especie de teatro al aire libre que la gente aprovecha para descansar.


Geranios colgando del pórtico de un restaurante en la calle 15. Las construcciones de ladrillo rojo son características de Portland


Ghanesa en el Museo de Arte de Portland. El patrón hindú de las artes no podía estar en mejor lugar. Dicen que es especialista en eliminar obstáculos. Debimos ir a verlo antes de visitar Washington park...

Si paseas por Los Angeles, no tardas en darte cuenta que es una ciudad de tonos grises. No es que no tenga atractivo, pero definitivamente no siento que me gustaría vivir ahí. Portland, en cambio, es una cuidad de color.



Linternas y adornos de papel en el exterior de la tienda Cargo, en la avenida 13



Jardinera en el patio de la tienda de la Universidad e Portland

Juego mecánico en el Festival de las Rosas.


Playeras teñidas en el mercado del sábado. Tengo una muy parecida a la que tiene forma de espiral y hasta me atrevo a salir así a la calle =)

Puesto callejero de comida. Hay un par de calles con puestos de comida y todos son de colores asi.

Podría seguir subiendo fotos la noche entera pero creo con eso es suficiente. Yo no se si cuando decidimos ir a Portland era esto lo que íbamos buscando, mi pareja seguramente si, pero para mi fue un descubrimiento. Viniendo de México, tan colorido como somos, lamento no haber me dado cuenta hace años esta manera de viajar, mis escasos paseos habrían sido mucho mas lindos. Como dije, no se si era esto lo que fuimos buscando a Portland, pero sé lo que iremos buscando en nuestra próxima salida.

20090527

Portland! (parte 2)

Algo que caracteriza a la mayoría de las ciudades norteamericanas es su deficiente sistema de transporte publico. Yo no he viajado mucho aquí, pero lo que leo corrobora lo que he podido comprobar a donde he ido: En EU el auto es rey. El colectivo, que aunque puntual y casi siempre en buenas condiciones, resulta escaso en unidades, rutas, no es muy económico y sobre quienes lo utilizan pesa el estigma de ser pobres, fracasados o ambas cosas. Parte del “sueño americano” es hacerse de un automóvil, la ilusión del ciudadano promedio es sumarse al 61% de la población que dicen jamás utilizar transporte público, o mejor aun, al 58% que aceptan viajar siempre solos en un auto de varias plazas. (Datos de la encuesta mundial Greendex realizada por National Geographic)


Sin embargo Portland, o al menos la zona centro de la cuidad, es una honrosa excepción: existen cuatro líneas de tren eléctrico que cruzan el centro en todas direcciones. Aunque tiene la ventaja de ofrecer las estaciones de la zona más turística de manera gratuita, no resulta muy barato: $2.30 el viaje, $4.75 un pase todo el día o $86 por uno mensual; pero si eres anciano o estudiante la cosa cambia: $0.95 el viaje o $25 por un mes es una estupenda oferta. Las unidades están es excelentes condiciones, y si hay que hacerles una critica, debe decirse que no ayuda viajar en tren si tienes prisa pues no es muy veloz.

Línea Roja del tren ligero. Directo de la puerta del aeropuerto a dos calles del hotel!

Línea Azul. Recorre la cuidad de este a oeste. Directo del hotel a un bosque hermoso =)

Además del tren ligero, existe el StreetCar, que es un tranvía eléctrico que hace el recorrido de norte a sur en la zona centro, con la gran ventaja de ser completamente gratis. Su único defecto es la lentitud: hace parada cada tres calles, lo que sumado a lo angosto de las avenidas, los múltiples semáforos y el trafico, evitan que sobrepase los 40km/hora. Quizá a un empleado con retraso para llegar a su trabajo le resulten anodinos, pero para los turistas y otros especimenes sin demasiada prisa son perfectos: Dan tiempo de bobear por las ventanillas y planear donde bajarse.




Aunque de colores distintos –y muy lindos: los hay también en naranja, azul y verde hoja-, todos siguen la misma ruta, del distrito comercial a la Universidad, nunca los encontramos demasiado llenos, pasan cada tres minutos y gratis! Pedir además rapidez seria demasiado.


El uno de los problemas que enfrenta un automovilista en el centro de Portland es conseguir estacionamiento. Aparcar tu auto en la calle te cuesta $2 el periodo de hora y media, existen estacionamientos públicos pero el costo es semejante, así la solución para quien trabaja en una empresa que no cuenta con estacionamiento propio, es la bicicleta. La gente en Portland viaja en bici; todas las edades, de todas las condiciones sociales, a toda velocidad o a vuelta de rueda, los negocios ofrecen siempre sitio para encadenarla y hasta los trenes permiten el acceso con todo y caballo metálico.



Esta chica nos llamo la atención por que rodaba su bici en falda y ropa de trabajo pero, sin dejar de lado la seguridad, usaba casco.


Yo, que durante años tuve que lidiar –con uñas y dientes, lo juro- contra conductores para hacer valer mi derecho a circular en bici por el Distrito Federal, no puedo sino envidiar a quienes viven donde se tiene respeto por los ciclistas; sin embargo, debo decir que muchos portlantienses no son muy precavidos y circulan confiando demasiado en dicho respeto; dudo que los automovilistas que tienen que aventurase por las calles del centro sientan demasiado aprecio por ellos cuando parecen adueñarse de la vía.


Letrero en una tienda de bicicletas que simula las placas de circulación “Share The Road”. Un automovilista, por 10 dólares extra, puede obtener placas con este diseño para mostrar su apoyo al uso de la bicicleta en las calles. No vi una sola en todo el viaje...

Pero no todo es color de rosa en el paraíso:

Letreros como este advierten a los ciclistas del riesgo que corren si la rueda delantera cayera por descuido entre los rieles del tren.


En circunstancias distintas yo he sufrido un par de caídas semejantes a la de la ilustración y puedo asegurarlo: Duelen, duelen mucho... Mi pareja dijo que el letrero en realidad quería decir: “No circule en bicicleta bajo la influencia de la mariguana”. Probablemente así la caída duele menos.

La ultima opción para desplazarse el centro de Portland fue la que más utilizamos: recorrerlo a pie. Las calles son hermosas en verdad, su gente lo sabe y, a diferencia de los habitantes del Sur de California, que no caminan ni de la cama al baño, siempre hay peatones en sus aceras y a toda hora del día. El radio donde se sitúan los puntos de interés en el centro es de 3 kilómetros, así que si se esta dispuesto a desgastar un poco los zapatos, caminar es la mejor opción para conocer esta hermosa ciudad.


Esquina de la calle Yamhill y la 5ta Avenida. Después de tres días de caminar entre 5 y 7 kilómetros diarios en las calles de Portland, los pies duelen, pero el alma se siente feliz.

20090524

"Your Safety is Our Priority" ó "I ♥ TSA" ó "Portland! -primera parte-"

Nos dimos una escapada de tres días a Portland -el de Oregon, hay otros en Main, Texas y Michigan-. En realidad teníamos la intención de ir a Boston, pero el costo del viaje y la escasez de tiempo nos hizo reducir la distancia (tres horas mas de vuelo y casi el triple de precio hicieron la diferencia) Son muchas cosas las que me gustaría contar y para no hacer una entrada demasiado larga voy a dividirla en partes: empezare con lo primero y lo ultimo que tuvimos que enfrentar, el vuelo: Viajar en avión en Estados Unidos es una aventura desde que se llega al aeropuerto, la primera cosa que los viajeros encuentran a su arribo es algo como esto:

Letrero en la sala de registro en Portland. Los aeropuertos están clasificados como zonas de riesgo naranja para un ataque terrorista. Una alentadora bienvenida.

Por medio de anuncios escritos y mediante el sonido local, se le pide a usuarios que reporten “cualquier actividad sospechosa”, pero como no aclaran que es lo que se considera “sospechoso”; abren una puerta al prejuicio y la discriminación. Nosotros fuimos victimas de la absurda ineptitud de un par de oficiales de seguridad que me impidieron abordar el avión porque al nombre en mi identificación le faltaba el apellido materno que mi boleto sí tenia. Fue inútil explicarles que no en todos los países se elimina el apellido materno como si las madres carecieran de valor, así que nos obligaron a acudir a la aerolínea para solicitar que cambiaran mi nombre en el boleto; algo tan absurdo parecería sencillo de hacer pero no lo es, porque las aerolíneas consideran intransferible el peaje y un cambio de nombre se interpreta como una trasferencia. Afortunadamente la encargada de la aerolínea fue muy comprensiva y violó las reglas con tal de ayudarnos a no perder el vuelo. Ella nos confesó que están acostumbrados a tonterías de ese calibre: “They are really picky”, dijo, refiriéndose a los empleados de la TSA (Administración de Seguridad en el Transporte), pero a mi se me ocurrieron algunos adjetivos más fuertes y en ambos idiomas.

Para abordar un avión en Norteamérica, es necesario depositar bolsos, mochilas, maletines de mano, el contenido de los bolsillos, y cualquier prenda adicional a una muda simple –incluyendo los zapatos- en la banda de escaneo, y estar dispuestos a una revisión a detalle y a un interrogatorio a la menor sombra de sospecha, sospecha que en coincidente mayoría recae sobre gente que no es blanca. Nosotros y algunas personas que conocemos vamos invariablemente resignados a que nos pasen a un costado para revisar maletas, pero esta vez fue el colmo. Quizá la diferencia se debió a que en Portland –mi nombre no significó problema alguno al salir de Los Angeles- no hay un gran porcentaje de latinos y a que se ha recrudecido la desconfianza en contra de quien parezca mexicano a raíz de la paranoia por la influenza. Un ejemplo: Mientras esperábamos en el los Angeles, un grupo de asiáticos, algunos usando tapabocas, se detuvieron a un lado nuestro sin prestarnos atención, al vernos, no pudieron ocultar su espanto y se fueron alejando poco a poco. Pensé por un momento que todo era producto de mi imaginación hasta que mi pareja me retó bromeando: “Te doy 100 dólares si estornudas”. Ambos nos echamos a reír. Lo habría hecho gratis por verlos correr despavoridos.

Pero viva el optimismo: Prefiero estarme quejando de injusticias que de haber enfrentado dificultades durante el vuelo. Servicio amable, buen clima y cielos despejados, horarios según lo programado; ni siquiera padecimos al clásico bebé que llora inconsolable todo el recorrido. Creo que pensar así es una manera de no castigar el hígado innecesariamente.


Monte Shasta, en California, visto desde nuestra ventanilla en el camino de regreso.

Recordatorio

Me estoy haciendo el propósito de recordar cada que entro a este lugar, que aquí vengo a guardar las cosas pequeñas o grandes que me ocurren en la vida, y no que estoy buscando que en la vida me ocurran cosas para tener algo que venir a escribir aqui.

20090519

Un Regalo

Una vez, hace mucho, asistí al taller literario de Rosita Nissan con la ilusión de aprender a escribir. Ella, desde la primera clase, nos dijo que ahí no íbamos a aprender a escribir, que lo que íbamos a hacer era leer textos que ella iría eligiendo, hablar sobre ellos y, después hacer el intento de escribir sobre cierto tema que ya iría saliendo (o no) según lo que ocurriera en las lecturas. De modo que en el taller de Rosa no aprendí a escribir, pero aprendí algo mejor: aprendí a poner atención. Atención a lo que leía, atención a lo que decían otros y atención a lo que ocurría a mi alrededor y en mi interior. El ultimo día del curso, nos invito a tres o cuatro de sus alumnos a continuar con las clases pero ya no en la universidad, sino en su casa. No me siento con la capacidad para hablar sobre ella, no aprendí lo suficiente para describir con mis palabras su belleza, su paciencia, su encantadora manera de leer historias, ni sus extraordinarias dotes de maestra, con las que nos hizo aprender casi sin darnos cuenta, en esa casa suya donde la enredadera y el tiempo trepaban por el techo alargando la puesta del sol, haciéndolas las horas eternas. Pero esas tardes se me terminaron un dia para siempre y yo, tan lejos de La Condesa y padeciendo por aquel entonces de tanto contratiempo, no pude nunca regresar ni siquiera a despedirme, a darle las gracias por todo lo que me enseñó y lo que supe escuchando a quienes iban a su clase.

Pero aprendí. Y dos de las cosas que aprendí, pienso que las mas valiosas, fueron, primero, a no avergonzarme de escribir, a no arrepentirme ni de lo que escribo ni de la manera en que lo hago y, segundo, a no escribir con la intención de crear la obra maestra que me hará merecer la admiración del mundo, del país o al menos del vecindario donde vivo; que me proyectara a la de fama, a la publicación de libros, a las notas en los diarios y las entrevistas amables en el programa nocturno del momento: Hay que escribir solo por gusto.

Una tarde, al salir de su casa, una de las compañeras nos regaló un recorte de diario con una breve columna donde Eusebio Ruvalcaba, periodista y escritor mexicano, le daba a su hija Erika diez consejos sobre el oficio de escribir. Guarde el recorte todos estos años porque pienso que resume esto que entendí en los meses en que estuve con Rosita. He visto en varios de los sitios que siempre entro a leer, comentarios sobre lo difícil que puede volverse escribir aunque solo lo hagamos en un blog, y pienso en lo que Rosita me enseño y en el regalo que me hicieron y decidi venir a dejar este recorte, con la esperanza de que les sirva tanto como me ha servido a mí.
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20090517

Mario Benedetti

El día de hoy, fallece el poeta uruguayo Mario Benedetti. Todos los diarios y blogs van a hablar mucho del asunto. Yo no voy a presumir de conocer a fondo la obra de Benedetti, de haberme bebido sus poemas. Solo conozco algunos, pero los pocos que conozco me llenaron el alma de cosas que guardo muy dentro y que, espero, me duren para siempre. Hace poco mas de 18 años me enviaron una carta que tengo guardada junto con muchas otras. Estas cartas decían cosas que me ayudaron a seguir en el camino que voy, en la búsqueda de aquello que persigo aun con insistencia: A mi.

En esta carta me enviaron entre otras cosas, un poema de Benedetti que se convirtió, justamente, un credo.


CREDO

De pronto uno se aleja
de las imágenes queridas
amiga
quedás frágil en el horizonte
te he dejado pensando en muchas cosas
pero ojalá pienses un poco en mí

vos sabés
en esta excursión a la muerte
que es la vida
me siento bien acompañado
me siento casi con respuestas
cuando puedo imaginar que allá lejos
quizá creas en mi credo antes de dormirte
o te cruces conmigo en los pasillos del sueño

está demás decirte que a esta altura
no creo en predicadores ni en generales
ni en las nalgas de miss universo
ni en el arrepentimiento de los verdugos
ni en el catecismo del confort
ni en el flaco perdón de dios

a esta altura del partido
creo en los ojos y las manos del pueblo
en general
y en tus ojos y tus manos
en particular.



Mario Benedetti.



Sigo aquí, sigo creyendo en lo mismo. Sigo buscando.

Descanse en paz. Mario Benedetti.



La Llamada, Remedios Varo. 1961
Esos pasillos del sueño a donde siempre,de alguna manera, te encuentro.